La China, cada vez más nuestra vecina

Promete ser una de las grandes exposiciones mundiales del año: esta semana se ha inaugurado en el Victoria & Albert Museum, ‘Obras maestras de la pintura china 700-1900’, una muestra que se pretende exhaustiva, además de didáctica, sobre el arte de la pintura china en más de dos mil años, es decir prácticamente un periodo que abarca la totalidad de ese arte. Con ello vuelve a retomarse el interés, por parte de las grandes instituciones europeas, por el modo de representar lo pictórico de un país cuyo interés surgió entre nosotros como algo exótico pero que, poco a poco, se ha ido normalizando hasta el punto de que esta muestra mira a ese arte como si fuera cercano a nosotros.

Y es probable que, aparte del interés por ver pintura china en más de setenta piezas muy escogidas, lo que debe destacarse es la manera distinta de enfocar lo expuesto respecto a las muestras de arte oriental del pasado: aquí lo exótico ha dejado paso a lo diferente, a lo que aún nos choca porque no lo tenemos interiorizado del todo pero que, se supone, podemos entender plenamente si somos convenientemente dirigidos.

En el Reino Unido están exultantes pues es bien sabido que fueron un Imperio enorme al que acompañó la curiosidad por los pueblos que conquistaban: la cultura y la espada unidos en inextricable compañía, y como además muchas de estas obras nunca había sido expuestas en las Islas, el interés es descomunal, las colas interminables… y, en cierto modo ese interés está plenamente justificado, pues en estas setenta piezas el repaso que se ofrece es, por lo menos espectacular.

Hay rollos de pintura a la seda que tienen 14 metros y que los espectadores tienen que recorrer de derecha a izquierda, y donde se representan escenas que hacen las maravillas del visitante pues poseen algo de la magia del cine en sus inicios, y eso se agradece, pero los responsables de la muestra están muy ilusionados porque piensan que, aparte de este tipo de alardes, el público saldrá, además de encantado, con una información mucho mayor sobre pintura china al abandonar el Museo.

De hecho la muestra es didáctica, en cierta manera demasiado, según algunos, y ello ha sido muy criticado por los especialistas pues piensan que es una buena exposición pero sin matices, lo que la invalida por lo menos en sus enormes pretensiones respecto a su excelencia. Las pinturas han sido seleccionadas entre más de veinte museos e instituciones del mundo y algún que otro coleccionista privado y pretende reflejar 1.200 años de evolución en la pintura china, lo que, evidentemente, está sujeto a controversias y sucedería igualmente, o quizá con mayor razón, en una exposición que tomara como ejemplo la evolución de la pintura italiana desde el Renacimiento hasta nuestros días. Así, entre rollos de seda de 14 metros, cuadros íntimos realizados por los monjes para sus ceremonias religiosas, la introducción del pasaje en la pintura, algo determinante en las señas de identidad de ese arte y, finalmente, las influencias occidentales en el modo de concebir la figuración, esta muestra extiende una fina madeja referencial que sitúa convenientemente el arte de un país.

Ni que decir tiene que lo cronológico es el modo elegido para su desarrollo, un modo justamente lineal pero adecuado, idóneo. Comenzamos por los llamados ‘Objetos de devoción’, un periodo que see xtiende desde el 700 hasta el 950, es decir, el periodo Tang y el correspondiente a las Cinco Dinastías: se trata de pancartas budistas, pintados en seda y dotados de colores brillantes. Aquí se exhibe un manuscrito ilustrado con cinco planetas y veintiocho constelaciones, atribuido a Zhang Sengyou, que es una de las primeras muestras del motivo astrológico en el arte.

En la sección llamada ‘En busca de la realidad’, y que se extiende de 950 a 1250, se la querido hacer hincapié en el paso de la religiosidad a entornos objetivos, naturales, al paisaje: escenas de ríos, animales pescadores, los ciclos de las estaciones del año, una mirada hacia lo monumental que redujo el color y potenció lo monocromático porque era el modo idóneo de realzar los detalles. En esta sección se exhibe los ‘Nueve dragones’, la mítica pintura de Chen Rong, en las que criaturas legendarias retozan entre nubes, aguas, montañas… la Arcadia china en pleno desarrollo.

‘Abrazando la soledad 1250-1400’, quiere darnos a conocer la interiorización que el descubrimiento del paisaje se realiza en las conciencias y como cada una de éstas se expresa a través de su individualidad mediante un gesto de claro signo espiritual. Fue la época del dominio mongol y muchos artistas dieron la espalda al as instituciones y buscaron patrocinios privados. Surge así, la representación de la ciruela en estación temprana como símbolo de resistencia ante un peligro exterior. ‘Dos patriarcas Chan armonizan sus mentes’ sería la pintura referencial de este periodo.

Entre 1400 y 1600 se da cuenta de un largo tiempo en que se busca la felicidad. Es la época de la dinastía Ming, un periodo próspero que afecta a todos los estamentos sociales. Es el momento en que se representan actuaciones musicales, juegos de ajedrez y se da importancia suprema a la caligrafía, es el momento en que se otorga un lugar a la nostalgia, surgiendo el paisaje como evocación así de cuentos de hadas.

Inmediatamente después, estamos ya en el último apartado, se mira hacia el Oeste: ‘Desafiado el pasado y mirando hacia el Oeste 1600-1900’. Es aquí donde se expone la pintura de 14 metros y es significativa de los alcances, de las expectativas del periodo. Un tiempo en que hay profusión de artistas que compiten entre ellos y perfeccionan los temas que ya son lugar común de la iconografía. Al mismo tiempo se produce en esos siglos, especialmente el XIX, una influencia enorme de la pintura occidental. Es una pintura que reproduce la fascinación de la Corte por el modo occidental pero también la manera en que los cambios de la sociedad china trajeron un interés enorme por el naturalismo.

En este sentido hay que decir que la exposición no desmerece nada de las expectativas puestas. Si es verdad que en el detalle está Dios, también es cierto que no se accede a una adecuada visión primeriza de algo si no es a través de una mirada panorámica. El que mucho abarca poco aprieta, pero es que son 1200 años…

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