LA RAE SE RAYA

Juan Ángel Juristo – MARTES, 25 DE NOVIEMBRE DE 2014

El país está que se ‘raya’. Por ‘rayarse’, como metáfora, el mismo día que se entierra en Sevilla a la duquesa entre las duquesas, ingresa en prisión Isabel Pantoja, epítome de las folclóricas. La metáfora, como metáfora que se agota en sí misma, es excelente. El país se ‘raya’ y nuestra docta institución, como no podía ser menos, le va a la par.

El nuevo diccionario, con ese afán de ponerse al día, ha traído más disgustos que otra cosa. Ya no que los gitanos se les hayan rebelado, lo que faltaba, y que los nuevos robespierres virtuales, en versión de plástico de la Revolución Francesa, se nos hayan puesto higienistas con esto de la corrección política, que si las acepciones machistas, racistas, ay, perro judío, sino que ante los fastos que celebran su tricentenario como institución hayan proyectado unas colecciones de libros no discutibles sino francamente convencionales, o que ante el cuarto centenario de la edición del Quijote el grado de disparate ha llegado a tal extremo que se nos acaban de descolgar con concepciones de lo que es la cultura popular que, bien ancladas en un imaginario de pura querencia ilustrada, lo que inspira es una desconfianza ante el sentido de la realidad en que habitan los doctos miembros de la docta institución.

A finales de mes saldrá a la luz, editada por Santillana, una nueva edición del Quijote, porque se quiere festejar la edición de Joaquín Ibarra de 1780. Esta edición, con prólogo de Darío Villanueva, está adaptada para uso escolar y popular por el novelista y académico Arturo Pérez Reverte, que ha arreglado el texto cervantino otorgándole una estructura lineal, respetando la integridad del texto, los episodios fundamentales y “el tono y la estructura general de la obra” según la RAE. Para Reverte “las digresiones y los relatos inscritos en la trama principal dificultan la aproximación amena que una lectura sencilla puede reclamar”, por lo que realizar esta edición popular para conmemorar el cuarto centenario de la edición de la segunda parte de la novela el año que viene y de paso, el cuarto centenario de la muerte de Cervantes al año siguiente, 2016. Todo un logro. Según la RAE, por boca de Darío Villanueva, la institución ha cumplido con satisfacción la Real Orden de octubre de 1912 que instaba a la misma a realizar dos ediciones del ‘Quijote’, una popular y otra erudita. Esta última resulta conformarse con la de Paco Rico publicada hace unos años, puro canon cervantino, la popular nos viene a últimos de mes.

La concepción que poseen los miembros de la RAE de lo que es una edición popular se las trae. Cualquier persona que vea una serie de televisión hoy día posee en su imaginario narrativo más elementos de complejidad estructural que cualquier capítulo del ‘Quijote’, y desde luego a pesar de las digresiones y las historias intercaladas. La cosa sería tonta, pura rayadura, sino estuviese acompañada de un sentimiento un tanto peregrino de sentido de lo público. Aquí es donde la cosa adquiere rasgos un tanto surreales.

La RAE se ‘raya’, y no sólo por las protestas de los gitanos y los robespierres de plástico ante las nuevas entradas del Diccionario. En el paisaje habitado por el ‘Pichi’, en los aledaños del Portillo, en plena Arganzuela, en la calle Embajadores, todavía existe un centenario restaurante que ofrece entresijos y gallinejas. La semana pasada un cartel colocado en la puerta del mismo rezaba: “Damos la gracias a la RAE porque en su definición de gallinejas afirma que es producto del cordero, no de la gallina”. Puro cachondeo, pero significativo.

Muy cerca de ese restaurante, en el paseo de las Acacias próximo al Puente de Toledo, paisaje descrito con temblor por Arturo Barea en ‘La forja de un rebelde’, existe aún una casa, modesta, de ladrillo, construida cuando se conmemoró el Tercer Centenario de la edición del ‘Quijote’, donde una pieza de cerámica de Talavera rememora cada episodio del ‘Quijote’. La fachada, para qué decirlo, está plagada de esas placas, tantas como capítulos. Encima de la puerta un retrato de Cervantes y, oh, maravilla, un mapa de España que resalta los contornos de La Mancha.

Puro naïf, pero en el fondo algo mucho más acertado que realizar con orgullo una edición popular del ‘Quijote’ cumpliendo una Real Orden de 1912, cuando el setenta por ciento de la población española era campesina y analfabeta.

La RAE se ‘raya’. En eso, hay que reconocerlo, está a la par con el espíritu del país.


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