Hércules Poirot resucita en septiembre

Juan Ángel Juristo / Madrid
 
En el mundo anglosajón, que es el que impone las modas, se extiende como la gripe la tendencia editorial de resucitar segundas partes, al modo del cine de Hollywood. Tengo para mí, como sucedió en el cine, que esto sólo significa un estancamiento en la creatividad debido a que la industria prefiere ir a lo ya establecido, sin arriesgar prácticamente nada. Tamaño conservadurismo va aparejado a la preponderancia del capital financiero y los monopolios sobre el otrora denominado capital trabajo que dentro de poco resultará nombre digno de la arqueología. Pero como esto no es un post sobre economía, ni sobre sociología de la literatura, iré a lo mío que es informar de que ya en 2006 tal tendencia comenzó cuando Geraldine McCaugreahn publicó ‘Peter Pan de rojo escarlata’, al modo de una segunda parte del clásico de James M. Barrie, cuando éste deja en suspenso lo que sucedió con Wendy y los Niños Perdidos en el País de Nunca Jamás. Luego la famosa escritora de novela negra, P.D. James, publicó en 2012 una segunda parte de ‘Orgullo y prejuicio’, de Jane Austen, bajo el título ‘La muerte llega a Pemberley’, por no hablar de ‘Solo’, la novela que sobre 007 escribió William Boyd, otro autor de gran carisma literario, en 2013, retomando la situación dejada por Ian Fleming en la última entrega de James Bond: cuando éste es enviado en 1969 a África con objeto de evitar una guerra tribal, o nada menos que John Banville que en 2013 escribió ‘La rubia de ojos negros’, resucitando al detective Philip Marlowe, esa creación imperecedera de Raymond Chandler, en los años 50, donde éste tiene que buscar el paradero del antiguo amante de una rica heredera de una marca de perfumes, algo que me recuerda en demasía a ‘La hermana pequeña’.
La tendencia, huelga decirlo, parece que no termina de dar los frutos requeridos, a no ser, como en el fondo se plantean la cuestión las editoriales, que este tipo de novelas se vendan en un primer momento bastante bien, por el tirón de los clásicos, y que luego el interés decaiga sustancialmente. Producto de un plazo inmediato, esta tendencia tan conservadora, tiene todas las trazas de agotar incluso el interés por las obras genuinas. La cosa no es nueva y Hollywood lleva ya unos años haciendo segundas, terceras y cuartas partes de cualquier film con mediano éxito: las sagas de los superhéroes termina siendo ya atosigante, pero lo que diferencia a esta tendencia literaria de la cinematográfica es que sean autores consagrados los que terminen plegándose a estas exigencias, algo que podría entender con una autora como P.D. James pero difícilmente asimilable en escritores como John Banville o William Boyd.

Ahora amenaza con volver nada menos que Hércules Poirot, que en realidad nunca se fue, por lo menos del cine y de las series de televisión. Los herederos de Agatha Christie, la autora más publicada en el mundo, se calcula por la UNESCO que vendió más de cuatro mil millones de libros, sí, cuatro mil millones, han dado su permiso, es familia que huele el dinero desde hace muchos años, a Sophie Hanna, autora de serie negra que ha publicado éxitos como ‘La cuna vacía’, que entre nosotros ha editado Duomo para que resucite al detective belga de bigotito enhiesto. Esto lo sabíamos desde hace dos meses, pero la noticia está en que después del verano saldrá ya el dichoso libro. Agatha Christie, cuando fue condecorada en 1971 con la Orden del Imperio Británico, mató a Hércules Poirot de un infarto en la novela ‘Telón’, y, claro, ni la misma Sophie Hannah se atreve a resucitarlo. En septiembre, sin embargo, saldrá una nueva novela con Hércules Poirot de protagonista, ‘Los crímenes de Monogram’, donde el detective resucita pero a su manera: ambientada en 1929, la época dorada del ‘art decó’ hasta que llegó el ‘crack’, Sophie Hannah ha debido de pensar, y con razón, que para el público medio Agatha Christie es señora vinculada a esa época. La única licencia que se ha permitido, licencia nada inocente, es la de que acompañe al detective un policía de Scotland Yard, y digo nada inocente porque aquí se nota otra intromisión en los clásicos, la de Sherlock Holmes y el Doctor Watson de Conan Doyle que, a su vez, se basó en los personajes cervantinos de Alonso Quijano y Sancho Panza. En suma, un popurrí inscrito en el imaginario que las más de las veces termina mal: lo pensado como un producto como un producto se queda.

Pero no hay que adelantar acontecimientos y menos juicios de valor. Y lo único cierto es que el personaje tiene tirón mediático: ahora mismo, en Coventry, en el Belgrade Teather, el actor Robert Powell interpreta a Hércules Poirot en ‘Black Coffee’, y no pasan meses sin que al encender la tele uno no se tope con alguna serie basada en alguna obra de la señora Christie. Últimamente han pasado por la 2 de RTVE la serie francesa ‘Los pequeños asesinatos de Agatha Christie’, que es un modelo de adaptación televisiva a distintas novelas de la escritora británica ambientadas en la Francia de los años treinta. De ahí, estaba cantado que Hércules Poirot fuese resucitado a pesar de estar muerto por un infarto. El problema en todo este asunto es que en este tipo de nuevas versiones el autor de origen siempre sale perjudicado. El que lea este nuevo Hércules Poirot no tendrá en cuenta a una de las novelistas más fascinantes del siglo XX, autora de 66 novelas, libros para niños, dos libros de poemas, un libro autobiográfico y otro, muy hermoso, sobre su expedición arqueológica a Siria.

Pero al fin y al cabo ese divorcio entre personaje y autor es frecuente aunque doloroso. Agatha Christie estaba harta, como Conan Doyle de Sherlock Holmes, de Hércules Poirot y lo mató de un ataque al corazón. Más circunspecto, el doctor Conan Doyle se equivocó ya que dejó a Holmes medio ahogado y finalmente tuvo que resucitarlo porque el público demandó esa resurrección a lo Lázaro y, también, hay que decirlo, porque la madre de sir Arthur Conan Doyle, que gustaba del personaje creado por su hijo, se lo ordenó. Dicho y hecho. No deja de ser algo perverso que ni muertos los personajes y los autores no sean dejados en paz. Es lo que tiene la fama, es decir, el dinero. Ya sabe, Hércules Poirot en septiembre.


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  1. Publicado en ARN Digital

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