No es tiempo para malditos

Juan Ángel Juristo / Madrid
Nos ha avisado Antonio Huerga, editor de la casa Huerga & Fierro, que publicaba desde hace tiempo al poeta. Leopoldo María Panero, el último de la saga, ha fallecido en Las Palmas este jueves. Tenía 65 años y después de sobrevivir, primero a su hermano Michi y luego a Juan Luís, con el que no se llevaba, ha terminado sus días en el Hospital Juan Carlos I de Las Palmas, según ha comunicado el doctor Manchado, que era el médico que lo tutelaba allí, ya que Panero residía en un psiquiátrico de la ciudad, el Hospital Psiquiátrico Insular, o, como él lo denominaba en sus notas, “el manicomio del Doctor Rafael Inglot”, institución muy conocida del poeta ya que pasó gran parte de su existencia recluido en régimen abierto en varias de esas instituciones repartidas por la geografía española, sobre todo en Mondragón. Parece ser que murió mientras dormía.
Fotograma de 'El desencanto'
Fotograma de ‘El desencanto’
Tulio Demicheli, periodista en ABC en el año 2002, afirmó, entonces, con tino, que no sabíamos si Leopoldo María Panero estaba loco o si mentía cuando afirmaba que un poeta tenía que ser un asesino para salvar la vida, pero al menos era uno de los personajes más queridos de la legendaria antología de Castellet. La frase le rinde justicia, pues fue el único de los hijos de Leopoldo Panero, y cuando digo el único de los hijos lo estoy confrontando con Juan Luís porque Michi nunca se interesó por la poesía, que pudo prescindir del apellido para crear una obra.

Es probable que el apellido Panero le sirviera a la hora de construirse un personaje, desde luego hecho a la contra, pero de lo que no cabe duda es de que en lo tocante a su obra, Leopoldo María poco o nada debe a su padre, y, por suerte, esa falta de deuda si puede incluir el que no reflejara la obra de su padre ni a favor ni en demérito. Esa autonomía es prueba del talento de Leopoldo María, talento que Castellet supo ver y que en cierta manera le hizo crecer como poeta.

Luego vino la película de Jaime Chávarri, ‘El desencanto’, de 1976, en la que Leopoldo María se inmiscuyó en los problemas de una saga familiar, la suya, en la que, en un guirigay que pretendía incluso juzgar a Leopoldo, el ausente, y, desde luego, a Felicidad Blanc, la presente, y junto a sus hermanos Michi y Juan Luís, realizaron un psicodrama muy bien llevado y en el que muchos quisieron ver un proceso a las culpas del Régimen, cosas de aquellos años. Pero la película, muy bien hecha, poseía la frescura de ciertos gestos añadidos que poco o nada tenían que ver con lo que el film ocultaba, todo eso del psicodrama puro y duro.

Luego vino una segunda parte, ‘Después de tantos años’, en que Ricardo Franco, ya había fallecida la madre, realizó una película que pretendía simbolizar un final de raza. Lo consiguió a medias porque en realidad los Panero, en tanto que Panero, no tienen un interés específico: el film es del 94 y España era un país que había cambiado mucho, tanto como para que una película como ‘El desencanto’ no hubiera podido tener lugar. No lo tuvo.

Pere Gimferrer, otro de los novísimos incluidos en la célebre antología, ha desvelado las claves de la poesía de Leopoldo María Panero en significados que tienen que ver con las edades del hombre. Para Gimferrer hay una especie de encapsulamiento de Leopoldo María en la adolescencia, pero no como destrucción, sino como triunfo. Y, como consecuencia, lo que sí se destruye es la conciencia de lo adulto. Para Gimferrer ahí radica la clave de la obra de Leopoldo María, algo que lo reduce un tanto aunque bien es verdad que toda su obra tiene que entenderse en clave autobiográfica, incluso las traducciones. Desde luego en lo que respecta a Alicia.

La obra de Leopoldo María es enorme, obsesiva, y sus poemarios se cuentan por decenas, desde aquella ‘Por el camino de Swan’, del 68, espantoso título y el siguiente, del 70, ‘Así se fundó Carnaby Street’, que bien puede ser considerado su primer libro de poemas ya que es en él donde aparecen los temas que le obsesionarán a lo largo de su vida, hasta la edición de su ‘Poesía completa’, que publicó Visor el año pasado en edición de Túa Blesa.

También escribió ensayo, ‘Prueba de vida. Autobiografía de la muerte’, de título fundacional, entre otros, no muchos si lo comparamos con su poesía, y la narrativa, en donde destacó, no podía ser menos en un hombre que sentía como poeta, en los relatos. Asimismo en edición de Túa Blesa, Páginas de Espuma publicó sus ‘Cuentos Completos’ en 2007.

El interés de Leopoldo María para la poesía española es evidente: fue de los Novísimos el único que sin perder un ápice de las referencias culturalistas, un poemario como ‘Last River Together’, de 1980, es un buen ejemplo de densidad conceptual y referencial, atisbó la creación como carne, no sólo como espíritu. A eso algunos lo denominan malditismo o autodestrucción que también, pero en tiempos en los que las fantasmagorías de la clase media han invadido la cultura y es de mal tono pertenecer a los Bad Boys, es obligado hablar y encomiar a un personaje como Leopoldo María. Quizá no sea tiempo para malditos, tampoco para viejos, y ser niño es ya un problema de rareza. De ahí que ser maldito ahora, quizá, sea sólo sinónimo de lucidez.

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