Pecios marinos, la historia pendiente

Juan Ángel Juristo / Madrid
Pintura de María Blanco Cobaleda / Casa del Lector
Pintura de María Blanco Cobaleda / Casa del Lector
España fue la primera potencia económica del mundo y poseyó la Marina de guerra y comercial más potente en los tiempos del Barroco hasta que holandeses e ingleses le arrebataron esa primacía. Ese enfrentamiento dio lugar a guerras entre las distintas Armadas y el ataque de piratas y corsarios con patente que hizo que naufragaran centenares de barcos repartidos por medio mundo, en el Atlántico, sobre todo, en rutas muy marcadas, pero también en el Pacífico. Una historia que sangró a buena parte de aquella economía basada en la importación enorme de oro y objetos preciosos de toda índole, como porcelana, sedas, plata… Esta historia, hasta ahora, ha sido muy mal contada a pesar de su importancia y ha sido puesta de actualidad por acciones bastante lamentables como los llevados a cabo por los cazatesoros, como el del Odyssey, que llevó al Gobierno español a embarcarse en un lío jurídico con las autoridades estadounidenses que se resolvió, en este caso, a favor nuestro. Esos naufragios constituyen un patrimonio cultural considerable, resolver de una vez por todas la dispersión por medio mundo de los tesoros escondidos en esos barcos parece tarea urgente y saber de lo que contienen esos futuros hallazgos ayudarían de manera preciosa a aportar datos muy valiosos sobre el comercio en la época dorada del Imperio español.
La Casa del Lector ha organizado unas jornadas los días 6 y 7 de mayo, en su sede de Matadero, bajo el título ‘Arqueologia subacuática. La historia que aún debemos contar’, en las que departirán especialistas españoles y extranjeros, de Francia y Estados Unidos especialmente, sobre lo que representa hoy día la arqueología subacuática y, de paso, dar a conocer al público la importancia de aquel comercio que, si exceptuamos la ruta de la Seda, fue el primer intento, realizado con bastante éxito, de extender una red global de economía que abarcara a todo el mundo conocido hasta entonces. Bien es verdad que fue la posterior Revolución industrial, con la expansión del Imperio británico, la que consolidó esa globalización, pero desde el Renacimiento, primero con genoveses y venecianos y luego con portugueses y españoles, la globalización comercial fue una realidad, primero en el Mediterráneo y, con posterioridad, al Atlántico y al Pacífico.

Los actos están coordinados por Jesús García Calero, que lleva años estudiando el tema en profundidad y ha seguido desde su labor como periodista los últimos sucesos acaecidos con los cazatesoros, en especial el problema con el Odyssey, y la inauguración de las jornadas ha estado a cargo de Arturo Pérez Reverte, que ha llevado a sus novelas que tienen al Capitán Alatriste de protagonista una querencia apasionada por los tiempos del Imperio y, por si fuera poco, practica la marina, aunque de cabotaje, y José Antonio González Carrión, Director del Museo Naval de Madrid, que introdujeron al asistente en la apasionante relación que España tuvo con el mar, una relación bastante desconocida pero, ¿por qué no decirlo?, truncada desde la base, pues España, al contrario que Portugal o Inglaterra, nunca fue una nación volcada al mar, que siempre vio a este elemento como una vía comercial formada por agua. Lo prueba la literatura marina generada por estos países: mientras Portugal posee su poema épico, ‘Os Lusiadas’, de Camoens, que es un canto a los portugueses y su nación conquistadora, cierto, pero también al mar, e Inglaterra, no hace falta decirlo, hasta antes de ayer mismo, ha generado la mejor literatura de tema marino del mundo durante cerca de doscientos años, mientras que en España la literatura de este tema es escasa y muy moderna… casi comienza, si exceptuamos alguna incursión guerrera con el Pérez Galdós de ‘Trafalgar’, con Pío Baroja, a quien apasionaba el tema marino, e Ignacio Aldecoa. Una literatura muy reciente. Algo de lo que fui consciente con cierta incomodidad cuando en el Museo del Mar de Vigo, organicé unas jornadas sobre mar y literatura española. Se logró, pero con serios reparos.

Jesús García Calero hablará sobre el problema de la fragata Mercedes tras el caso Odyssey, que conoce a la perfección, y también intervendrá, en la ponencia titulada, ‘La trama global de los viajes’,el historiador Manuel Lucena, que lleva años, en sucesivas publicaciones, intentando demostrar que fue España la primera nación en otorgar a la economía una dimensión global. Más cercanos al tema en cuestión, González Aller, Subdirector del Museo Naval, y Javier Noriega, arqueólogo de Nerea Arqueología, empresa vinculada a la Universidad de Málaga y puntera en este tipo de trabajos, realizarán un repaso de la historia de los pecios, desde Lepanto al desastre de La Invencible, desde la batalla de Trafalgar a la llamada carrera de Indias, es decir, la ruta marítima que llevaba de América a Cádiz.

Finalmente, las jornadas se cerrarán con una mesa redonda en la que, muy acorde con los tiempos, se debatirá sobre las posibilidades enormes que ofrece este tipo de arqueología, pero también de la sempiterna Marca España. En la mesa intervendrá José Jiménez, exdirector general de Bellas Artes, junto a Manuel Lucena, Elisa de Cabo, que es subdirectora general del Patrimonio, y José María Lancho, que es especialista en Patrimonio cultural subacuático.

Unas jornadas que gracias a estos ponentes y a otros venidos de fuera, como el sueco Johan Rönnby, como Flor Tejo, de México, el francés Michel L´Hour o Filipe de Castro, que viene de la A&M University de Texas, se expondrá al público un saber reservado hasta ahora a especialistas que, por falta de voluntad, se le ha ahorrado al español medio, como que España es el país con más patrimonio marino repartido por el mundo o el alarde científico que supuso la exploración de esas rutas marítimas.

Muchos hablan de que es uno de los registros culturales más impresionantes del mundo… y lo curioso es que permanece inédito. Aún hay territorio inexplorado, pero está sumergido. Y hay que tomarse esto como una realidad, la del agua, pero también como una metáfora, la ignorancia.


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