Sofía Petrovna, la novela de la Gran Purga estalinista

Juan Ángel Juristo / Madrid
‘Sofia Petrovna. Una ciudadana ejemplar’, es una de las grandes novelas rusas que ha tratado el tema de la Gran Purga de Stalin de los años treinta con verdadera fortuna. Su autora, Lidia Chukóvskaia, hija del escritor y crítico Kornéi Chukovski, fue poeta y cultivó, además de la narrativa, el ensayo. Estuvo casada con Matvéi Bronstein, físico pionero en el desarrollo de la teoría cuántica, que fue arrestado en 1937 y ejecutado en 1938. A Sofía las autoridades le comunicaron que Bronstein había sido condenado a diez años de prisión y que no podía recibir correspondencia durante ese período. Fue entonces cuando comenzó a redactar esta novela, que ahora ve la luz en español gracias a Errata Naurae en traducción de Marta Rebón.
Activista declarada en pos de la libertad de los encarcelados injustamente, Chukóvskaia apoyó la puesta en libertad del poeta Joseph Brodsky, galardonado con el Premio Nobel, y con Yuli Daniel y Andréi Siniavski, cuyo caso produjo gran revuelo en su época, los sesenta, así como los de Sajárov y Alexander Soltzhenitzin, quien habla del valor de Lidia Chukóvskaia al haber conservado el manuscrito de ‘Sofia Petrovna’ en ‘El archipiélago Gulag’. Tanto apoyo lo pagó con la prohibición de publicar en la URSS. Amiga de la gran poeta Anna Ajmátova, durante veinte años mantuvo conversaciones y correspondencia con la gran escritora rusa, fruto de las cuales se creó un libro que pasa por ser uno de los grandes del género testimonial de la literatura rusa del siglo XX. Aquí Chukóvskaia mantuvo con la Ajmátova la misma actitud que Eckermann tuvo con Goethe o James Boswell con Samuel Johnson. El resultado, ya digo, es el de convertirse en un hito del género biográfico, como sus predecesores. Lo publicara también Errata Naturae en español. Mientras, nos queda el descubrimiento de ‘Sofia Petrovna’.

La crítica europea ha comparado esta novela con ‘Un día en la vida de Iván Denisovich’, lo que en el fondo no deja de ser un previsible tópico, pues en nada se parecen estas dos narraciones , a no ser el de tratar el mismo infierno. Y eso, aunque ‘Sofia Petrovna’ mantiene el dudoso honor de ser la única narración que trata la Gran Purga no desde el recuerdo posterior ,sino con informaciones y manuscritos escritos en los años treinta y guardados durante toda la guerra a la espera de mejores tiempos. Algo que suponía un enorme riesgo, tanto como ser acusada de alta traición. Conocida inicialmente en Rusia bajo la forma de samizdat, se publicó por vez primera en 1966 en los Estados Unidos, al igual que ‘Doctor Zhivago’ y la mencionada novela de Soltzhenitzin, una vez que se frustró la publicación bajo el mandato de Kruschov. El año anterior había sido editada en Francia con un título cambiado, ‘La casa abandonada’, y con el nombre de los personajes modificado. Hubo que esperar hasta el gobierno de Gorbachov para que ‘Sofia Petrovna’ se conociese en Rusia gracias a que se publicó en el periódico Neva, de Leningrado.

La trama es sencilla, nada espectacular, muy periodística, pero por eso mismo conserva un poder de evocación documental tremendamente intenso, característica que se agranda por lo escueto de las frases, la desnudez buscada y justa de las descripciones y de los diálogos. Tamaña búsqueda de esencialidad desnuda favorece al grado de vivencia del Terror y de lo absurdo de los actos realizados por el supuesto capricho del Estado. Porque Sofía Petrovna, que trabaja en una editorial, es la encargada de dirigir a las mecanógrafas de la empresa y se halla en estado de relativa placidez, incluso satisfacción, pues es una mujer valorada y se siente una ciudadana ejemplar de la Unión Soviética, una mujer revolucionaria cumplidora de su trabajo y que vela por la Patria socialista. Hasta que su hijo Kolya, brillante estudiante y miembro del Komsomol, y que es enviado a una fábrica de Sverdlovsk, es arrestado. La madre piensa que el asunto es un malentendido y cree que las autoridades, en su momento, se darán cuenta del error y rectificarán.

El tiempo pasa y el hijo no regresa, incluso el director de la editorial es arrestado. Sofia Petrovna se va aislando progresivamente ante el ambiente cada vez más enrarecido, pero ella, en un alarde de autoengaño que hace de esta novela algo realmente estremecedor, se debate durante mucho tiempo entre la creencia de que su hijo es inocente y la idea de que las autoridades soviéticas deben tener sus razones, ya que considera que deben ser imparciales como servidores del Estado. Finalmente Sofia Petrovna acaba en la locura: cuando recibe una carta de su hijo pidiéndole ayuda, la misiva es quemada y pisoteada.

Ni que decir tiene que las experiencias narradas en ‘Sofia Petrovna’ se corresponden casi punto por punto – por ejemplo, los diez años a los que, según le dicen las autoridades a la madre, el hijo ha sido condenado- con lo ocurrido a Lidia Chukóvskaia con su segundo marido, Mastvéi Bronstein.
Las palabras que pronunció cuando fue expulsada de la Unión de Escritores Soviéticos en 1974 por no atenerse a las reglas del realismo socialista, que era el obligado recurso para apartar a los disidentes, es un alegato estremecedor de la libertad de expresión, de impecable sentido moral y de acusación de la perversión del burócrata: “ Cuando cometéis actos semejantes, siempre habéis olvidado y seguís olvidando que solo tenéis el presente y parte del pasado en vuestras manos. Hay otra entidad que es responsable del pasado y del futuro: la historia de la literatura. No vosotros, sino la historia de la literatura, decidirá quién es escritor y quién es usurpador. El discurso se escapa de vosotros. Este discurso no puede ser controlado, ni siquiera con vuestras largas y poderosas manos… ¿De qué se ocuparán aquellos a quienes habéis expulsado? De escribir libros… ¿Qué haréis vosotros? Escribir resoluciones”.

‘Sofia Petrovna’ es uno de los grandes libros publicados recientemente. Es inquietante hasta sentir cierto dolor Es una gran obra que teníamos pendiente conocer en español.


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