Fernando Pessoa en España: Iberia es una realidad

Juan Ángel Juristo / Madrid
Portugal es tierra propicia a la ensoñación y al mito, también a cierto espíritu mesiánico y en el siglo XX hubo dos que subyugaron literalmente a sus intelectuales y artistas: el mito del retorno del Rey don Sebastián, o sebastianismo, y el iberismo, algo en lo que de una manera u otra pensaron y repensaron escritores portugueses y españoles de aquel momento. Desde luego en Portugal la mayoría de ellos, y entre nosotros una figura central como Miguel de Unamuno.
 
La exposición ‘Fernando Pessoa en España’ que se exhibe en la Biblioteca Nacional y finalizará el 28 de agosto, trata de establecer una relación, creo que a veces un poco forzada, entre España y su cultura con la obra del poeta portugués.

Y digo un tanto forzada porque, para empezar, Fernando Pessoa nunca visitó España, algo de lo que no hay que extrañarse en unos tiempos en que trasladarse era muy caro y no existía el concepto del turismo de masas. La exposición, pues, es una buena ocasión para que el gustador de la obra de Pessoa acceda a originales y libros del escritor, además de a sus cartas fascinantes, fotos, pinturas y diversos documentos; una carta astral, por ejemplo, a la que era muy aficionado, hecha por él mismo Pessoa tratando de averiguar que le depararía el futuro a la República Española, algo que llenará de gozo a los pessoanos, ya que es prácticamente un documento raro, poco conocido y hasta extravagante en un escritor que rozó siempre el límite otorgado para ello. Habría que recordar la relación de Pessoa con Aleister Crowley, el conocido satanista británico que murió en circunstancias aún no aclaradas en la Boca do Inferno lisboeta; existe una foto estupenda de Fernando Pessoa y Aleister Crowley jugando al ajedrez en el restaurante San Martinho en el Terreiro do Paço, un personaje muy celebrado en aquellos años y del que se dice enseñó a Churchill la famosa V de la victoria realizada con los dos dedos de la mano como talismán para poder vencer a Hitler.

Pessoa no estuvo en España peninsular aunque visitó de paso las islas Canarias yendo en barco a África, pero sí mantuvo relaciones estrechas con algunos escritores españoles de vanguardia, como corresponde al creador de la revista Orpheu y a los heterónimos de Ricardo Reis o Alberto Caeiro, que al igual que los escritores y artistas portugueses colaboraron en España, no olvidemos los frescos de Almada Negreiros en el cine Barceló de Madrid, destruidos tras su remodelación. Lo cierto es que Pessoa mantuvo con Unamuno ciertas polémicas en torno al concepto de iberismo, tomando éste como algo propio, con una identidad común muy alejada de los presupuestos europeos, y del que Unamuno era un claro defensor y a ultranza. Pessoa se sintió a gusto con ese modo de enfocar ciertas peculiaridades nacionales, eran los tiempos propicios al ‘Orden Nuevo’ de Oliveira de Salazar y los nacionalismos de todo tipo, pero creía que Unamuno daba excesivo peso a la importancia de lo castellano. Antonio Sáez Delgado, uno de los comisarios de la exposición y profesor en Évora, recalca esta circunstancia presente en esta exposición a través de diversos documentos.

Esa relación entre Pessoa y España viene, por tanto, de lejos, pero restringida a los círculos de vanguardia de la época. Tenemos tendencia a pensar que Pessoa no fue conocido hasta que se editó la antología que del poeta portugués hizo Octavio Paz en los años sesenta y, poco antes, las traducciones de Ángel Crespo, magníficas; pero en fecha tan temprana como 1923, Rogelio Buendía hizo traducciones al español de los ‘Poemas Ingleses’ de Pessoa porque éste que era muy amigo de Adriano del Valle, se los pasó.

Las relaciones de Pessoa con España tuvieron su punto de interés meramente práctico. Aunque ahora las vanguardias ocupan los manuales de literatura y del arte lo cierto es que esos movimientos eran reducidos y muy precarios y Pessoa pensó que si entablaba relación con Unamuno, considerado en la época un pensador importante, éste podría ayudar a que su revista, Orpheu, se conociese en España. El caso es que Pessoa sí mantuvo amistad con españoles de proyección más minoritaria, como Adriano del Valle, Rogelio Buendía, Isaac del Vando Villar o Iván Nogales, fascinados por las nuevas tendencias del Modernismo portugués.

La muestra recoge todo esto e incluye el retrato que Rodríguez Castañé hizo del poeta, no tan famoso como el de Almada Negreiros, pero si bastante conocido. Respecto a las relaciones de Pessoa con el iberismo la muestra recoge el escrito, ‘Iberia. Introducción a un imperialismo futuro’, que demuestra que el poeta portugués pensó en el tema con intensidad. Una tradición que después de la II Guerra Mundial retomaron escritores como Miguel Torga, uno de los grandes del siglo, o José Saramago, alejado ya de las tesis imperialistas pessoanas, que en su novela ‘La balsa de piedra’, vuelve sobre ese concepto. No olvidemos las relaciones entre el iberismo y el anarquismo, que explicarían tantas cosas.

Pessoa se equivocó respecto a las amistades españolas. Es cierto que conoció en Lisboa a Ramón Gómez de la Serna, pero la cosa no terminó en amistad. Con Ramón, hubiera resultado de otra manera: era el hombre-anuncio de la época.


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