Josef Albers, la vanguardia versátil

Juan Ángel Juristo / Madrid
La Fundación Juan March, en colaboración con la Anni & Josef Albers Foundation y bajo el título ‘Medios mínimos, efectos máximos’, expone la primera muestra habida en España de Josef Albers, uno de los grandes de la Bauhaus, probablemente el primero en hacer realidad en pintura aquella frase que pasa por ser dicha por varios hombres de genio, sin que la autoría haya sido autentificada: “Menos es más”… que si Adolph Loos, que si Mies van der Rohe. El caso es que Albers fue un artista muy capaz para dotar de expresividad máxima a la materia utilizando los recursos más humildes, y en plena época del minimalismo era raro que no se le rindiera el homenaje debido como precursor. La muestra estará abierta hasta el 6 de julio y consta de un centenar de piezas.
 
Es pertinente la exposición pues se han traído sólo obras de Josef, lo que equivale a dedicarle un homenaje como artista único, ya que normalmente las exposiciones se hacen en conjunto con su mujer Anni, algo semejante a lo que sucede con el matrimonio formado por Robert y Sonia Delaunay, pero en este caso justificada la ‘separación porque Anni se dedicaba al diseño de joyas y textiles, aunque bebiese del mismo aire que Josef.

Cierto es que Albers es uno de los grandes de la Bauhaus, una institución llena de ‘grandes’ y de algún que otro genio, pero hay que reconocer que no es una figura fulgurante. Contemplando la exposición me vino una correlación con el mundo de fútbol que no creo esté traída por los pelos: pensé en aquel Real Madrid donde Michel era uno de los enormes, quién lo duda, pero cuyo mérito estribaba en centrar el balón para que alguien, el escogido era normalmente Butragueño, marcara gol o, por lo menos, tirara a portería. Es probable, sin embargo que su fama le venga justo de esa condición de divulgador de lo mejor de un arte porque se convirtió en un profesor de leyenda en los Estados Unidos, enseñando las vanguardias europeas a unos norteamericanos que estaban aún asimilando novedades, y fue de ese país de donde le provino la fama.

La Quinta del Buitre, Michel, Josef Albers… ¿cual podría ser el legado de este artista para el siglo que ha comenzado? Creo que Albers fue el perfecto hombre orquesta y entendió el concepto de las vanguardias como pocos, y ello lo demuestra su versatilidad en diversos campos: fotógrafo, tipógrafo, diseñador, poeta, pintor sobre todo… hasta incluso, en el hecho, en que él intervino poco, de ser el primer artista vivo en exponer en el Metropolitan de Nueva York.

Albers comenzó a pintar cuando se exilió a los Estados Unidos, en 1933. Fue en aquellos años cuando descubrió otro país que lo fascinó, México, a donde viajó con Annie muchas veces y descubrió los colores vivos y el Barroco colonial. Su serie de ‘Adobes’ de enorme colorido, que destacan con las series monocromas que se exhiben justo a su lado, grabados en blanco, en los que no se emplea la tinta, o los vinilos negros recortados, así lo atestiguan. Es la máxima concesión que se permite en la ruptura de cierto canon puritano. Lo agradecemos.

De ahí que la muestra comience con dibujos figurativos, también pinturas sobre cristal, fragmentos recogidos en la calle, algunos con detalles de cierto lujo, esmerilados, que Albers convierte en masas arquitectónicas. Aquí el influjo de la Bauhaus es enorme: experimentación en todos los campos y con un ímpetu rayano en lo intimidatorio. Característica acentuada del buscador de recursos. No es de extrañar su tendencia a la expresividad.

Como pintor, sin embargo, Albers sólo pensaba en el color porque éste le evocaba el movimiento, la vida. El modo en que un color actuaba con otro es la preocupación central de su obra pictórica y no es de extrañar que como escritor pasase a la posteridad con un libro, en realidad un manual exploratorio, ‘Interacción del color’, en el que incluyó los trabajos que hacían sus alumnos de Yale, muy en la línea de lo que aprendió en la Bauhaus. La primera edición de la obra se exhibe en la March, así como la serie gráfica ‘Never Before’. También estudios de color que se exhiben encerrados en vitrinas. Versatilidad.

Hay un espacio intermedio que es una delicia: se muestran fotografías que Albers realizó de colegas suyos de la Bauhaus: Walter Gropius, Mies van der Rohe, Kandinsky, Paul Klee, obras que éstos le regalaron y algunos diseños de su etapa en la Escuela: la silla ‘244’, sin ir más lejos, así como fotos de Albers, muy de la época, tendentes a realzar los rasos geométricos de las cosas, ya se trate de una escalera, recurso muy común, un árbol, el curso de un río…

Termina la exposición con la parte que más interés puede despertar hoy día. En esta última etapa, Albers se obsesionó con los cuadrados, e hizo más de dos mil obras con el cuadrado como tema. Primero pintó cuadrados de todos los colores, luego arrancaba de cada uno de esos colores, en una etapa posterior, sus matices infinitos. Destacan sobremanera por su escondida pulcritud.

La Fundación March tiene en proyecto llevar obras de Josef Albers a sus otras sedes de Palma de Mallorca y Cuenca. Constará en exclusiva de obra gráfica y para ello ha editado textos de Albers, 26 inéditos y 53 traducidos a nuestra lengua por primera vez.

Una vez más, la March se perfila como una institución puntera a la hora de realizar una labor atenta a las corrientes que se llevan. El rescate de Albers es pertinente. Está en su tradición.


5 / 5 (2 voto
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s