Rafael Cansinos Assens, cincuenta años

Juan Ángel Juristo / Madrid
 
Esta semana de julio se ha celebrado el 50 aniversario de la muerte de Rafael Cansinos Assens, acaecida en el Madrid del 64, un año después de que Jorge Luís Borges, entonces escritor de culto, en una visita a la ciudad sorprendiera a todos cuando preguntó donde vivía el escritor, a quien consideró su maestro. Borges y Cansinos, ya viejo y enfermo se vieron, en aquella biblioteca del escritor sevillano forrada de libros encuadernados en negro. No se habían hablado desde que Borges vivió una temporada en la España de su juventud y frecuentó el Colonial donde Cansinos tenía tertulia. De él aprendió el significado de las vanguardias españolas, del ultraísmo, sobre todo, colaboró en la revista Grecia, y, desde luego, prefiriendo a ese hombre que le dio, entre otras muchas cosas, por defender y proclamar el legado de la cultura sefardí, a Ramón Gómez de la Serna, el escritor afamado y portavoz oficial de todo lo que tuviera que ver con las vanguardias europeas.
Gracias a esta visita muchos descubrieron a un escritor que marcado por el Régimen por “ser judío y llevar una vida rara”, le invalidó el permiso para ejercer de periodista, tuvo que ganarse la vida traduciendo para Aguilar clásicos, como el republicano Antonio Espina, en traducciones que, dadas las circunstancias, eran excelentes. De hecho el propio Borges llegó a afirmar que de entre todas las traducciones de ‘Las mil y una noches’, prefería la de Cansinos a la de Galland, por ejemplo, o la de Richard Francis Burton, lo que es arriesgarse mucho viniendo de Borges.

El caso es que leímos las ‘Obras Completas’ de Goethe, de Balzac, de Dostoievski,’ Las mil y una noches’, entre otras muchas, de la mano de este hombre que decía que por ser judío tenía el don de entender dieciocho lenguas. Sería metáfora ultraísta pues lo cierto es que ni de lejos dominó las lenguas que tradujo, y menos sabía de algunas que versionó, pero era hombre de enorme intuición y talento y supo otorgar a las traducciones un estilo propio de la época del escritor traducido que pasa por ser una de las grandes aportaciones suyas.

Ahora, dentro de los actos programados para conmemorar de una manera u otra el cincuentenario de su muerte, se quiere tener a disposición en formato digital algunas obras de Dostoievski como ‘Memoria del subsuelo’, que publicó recientemente Sexto Piso pero cuya versión digital corresponderá por entero a la Fundación Cansinos en boca de su portavoz, el hijo del escritor, Rafael Manuel Cansinos. También ‘Crimen y castigo’, ‘El jugador’… en traducciones revisadas, modernizando sobre todo los giros y ciertas expresiones, trabajo delicado por otra parte ya que si es necesario traducir los clásicos cada cierto tiempo, no lo es menos que parte del encanto de Cansinos se halla en ciertos giros absolutamente pasados de moda. A este respecto su hijo se ha apoyado en algunas traducciones nuevas de Dostoievski, como las de Augusto Vidal, más modernas pero cuyo arranque estuvo en las traducciones de Cansinos. Los caminos de la traducción adquieren a veces destinos curiosos.

Pero dentro de estos homenajes destaca la edición anotada de ‘La novela de un literato’, que está anunciada para los próximos meses y que publicó Alianza Editorial en su día en tres bonitos tomos. Para mí es la gran obra de Cansinos Assens, desde luego mucho más que ‘El Movimiento V. P.’, o ‘Bohemia’, sin ir más lejos, y ello porque, aún siendo un libro de memorias a veces muy sesgado, lo cierto es que es un documento imprescindible para saber entender el ambiente literario del Madrid de antes de la guerra, tan de antes de la guerra que el libro, que tiene un final bellísimo y tristísimo, finaliza cuando el escritor se entera del golpe del 18 de julio. Para él se había acabado el mundo, su mundo. Tenía razón.

Porque esa bohemia extraña, esa fauna entre triste, atormentada, gozosa y miserable, fue borrada del mapa de una vez para siempre. Ya nada volvió a ser lo mismo. Ni sus actores principales. Adiós a Pedro Luís de Gálvez, convertido ahora en matón de cheka y paseándose por Madrid con sombrero mexicano y cananas llenas de balas, adiós a Alfonso Vidal y Planas, adiós a Joaquin Dicenta, a Emilio Carrere, a Villaespesa, a Pedro Répide, incluso a Ramón Gómez de la Serna, su enemigo declarado del Pombo, que se había largado a Argentina cuando divisó desde la terraza del Lyon d´Or a Gálvez bajando por la calle de Alcalá con un fusil. Para Ramón fue el terror. Adiós desde luego al Colonial, pero también a Fornos, al Gato Negro… Adiós a todo eso.

Los eventos que tendrán lugar en Sevilla, lugar de nacimiento del escritor, tienen todos un aire festivo. Recientemente la revista Nueva Grecia ha publicado un cuento inédito del escritor, ‘Los judíos en Sefarad’, que vuelve a la vieja obsesión de sus orígenes hebreos, ya que había descubierto que en realidad se apellidaba Cansino y un antepasado suyo había sido ejecutado por la Inquisición. Pues bien, se repartirán portadas de esta nueva revista, de su número seis, y después de plegarlas en forma de avión se lanzarán al Guadalquivir. Es de imaginar que la cosa hubiese complacido a Cansinos: tiene todo el aire de ser una velada ultraísta, es decir, bastante inocente para los aires que corren.

Recordar la figura de Cansinos Assens es de justicia. Fue uno de los escritores que modernizaron la cultura española, amén de ser un traductor notable, un cronista fundamental de aquellos años, hasta el punto de que uno tiene, respecto a ciertos autores, la imagen que de él dejó Cansinos Assens. A mí me pasó con Guillermo de Torre. Les aseguro que es peligroso.

Cansinos dejó unos diarios escritos en inglés, francés, alemán… para que la censura franquista no tuviese fácil el acceso a ellos. Metáfora terrible de una época que él supo, desde el primer día de la guerra, que sólo iba a traer tinieblas.

Nunca se recuperó. Cansinos murió hace cincuenta años. ¿Qué tenía que ver él con las luces de neón, el seiscientos y, si me apuran, los Beatles, que ya musicaban en el año de su muerte?

Todo en esta vida, ya lo supo ver Proust, tiene el aire indefectible de una época. Incluso el vanguardista más rabioso.


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Una respuesta a Rafael Cansinos Assens, cincuenta años

  1. Paco Otero dijo:

    pienso que algo me ha quedado, de libros de trabajos de referencias de escritores míticos en aquel MADRID DE MIS 18AÑOS(CUANDO EN PARÍS VOLABAN LOS ADOQUINES Y AQUÍ LOS TIROS AL AIRE, ERAN EL PAN NUESTRO DE CADA DÍA)…DURANTE BASTANTES AÑOS UN LIBRO SUYO VIAJO CONMIGO DE CIUDAD EN CIUDAD DE CASA EN CASA…

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