La vida de Juan Ramón, llevada al cine

Juan Ángel Juristo / Madrid
 
Estos días se está rodando en Moguer una película, ‘La luz con el tiempo dentro’, que así definió Juan Ramón Jiménez a su pueblo natal, sobre la vida del poeta. La película está dirigida por Antonio Gonzalo y es un proyecto arduo, quiere dar a conocer la personalidad del escritor y, sobre todo, las relaciones con Zenobia Camprubi, tan arduo que el proyecto ha estado dormido en un cajón durante seis años hasta ahora en que se ha dado financiación al mismo. El director espera estrenar la película a finales de este año y las localizaciones de Moguer, donde se desarrolla gran parte del paisaje juanramoniano, han sido las últimas en ser rodadas. La película ha contado también con localizaciones tomadas en Cádiz, Sevilla, Madrid… paisajes relacionados con la juventud del poeta.
Hay que reconocer que la idea es arriesgada, pues la vida de Juan Ramón es la primera vez que se lleva al cine. Pero es más, se ha elegido a uno de los escritores más ‘mentales’, sirva como correlato a la expresión de Leonardo, “la pintura es cosa mental”, de toda la poesía española, lo que hace que la película sea, por lo menos, compleja en el modo de llevarla a cabo. Nada, pues, de esa ambientación histórica que podría salvar a una película sobre, pongamos, Miguel Hernández, donde pueden resaltarse sus experiencias en Madrid, recién llegado de Orihuela, sus amores con Cristina Mallo, todo el problema de la guerra civil y su implicación en el frente de batalla, su posterior huída, su apresamiento y encarcelación… en fin, algo que ni por lo más remoto tenemos en Juan Ramón. Teresa Calo, es la guionista de la película, es actriz y dramaturga vasca, y en unas recientes declaraciones a EFE apuntó que “la historia se ciñe a la biografía. Hay muchísimos datos pero no es nada que se pueda parecer a un documental, sino todo lo contrario, pues llegué a la conclusión de que a éste hombre tan especial sólo se le podía contar desde él mismo, para ser honestos, para no juzgar”

Además, Teresa Calo ha especificado que ella ha querido sentirse como una especie de ‘medium’ para que un Juan Ramón íntimo explique las relaciones con su obra, su sensibilidad ante las cosas, sus momentos más extraños y delicados. En una película, y más si no es un documental, tiene que haber una dramatización forzada por forzosa, y en esta película, como no podía ser menos, hay amor, hay dolor y hay humor. En este sentido lo del amor es fundamental en la película pues la vida de Juan Ramón no puede explicarse sin Zenobia y si el poeta era ‘cosa mental’, Zenobia fue mujer extrovertida y sonriente en medio de las peores circunstancias. Ese contraste, es de suponer, ha ayudado bastante a la consecución de la película por estos caminos dramatizados, ya que Juan Ramón conoció a Zenobia muy pronto, cuando ella apenas era una adolescente y acompañó al poeta hasta su muerte, ya en el exilio portorriqueño.

El humor, concepto extraño también en algo relacionado con el poeta, se ofrece en la película en el comienzo de la relación sentimental de Juan Ramón y Zenobia. Para la caracterización de la esposa del poeta se ha contado con la actriz Tamara Arias, que ha confesado sentirse enamorada del personaje y haberle tratado con mucho respeto. La actriz interpreta tanto a Zenobia joven como a una Zenobia madura, cosa que no ha sucedido con Juan Ramón, interpretado en su juventud por Marc Clotet y por Carlos Álvarez en su etapa de adulto y viejo.

Tratándose de Moguer es lógico que aparezca Platero, claro. Ineludible. Los exteriores, sin embargo, han sido tratados con bastante rigor, no sólo por la presencia del equino plateado: la Casa Museo del poeta, su casa natal, Fuentepiña y sus aledaños y el pueblo de Moguer, prácticamente intocado desde que Juan Ramón habitó allí. Teresa Calo, a la que llamó el director y la instó a realizar el guión de manera muy estricta, ha estado años estudiando la figura del poeta a través de sus escritos y nada de lo que puede verse en la película es inventado sobre la experiencia de Juan Ramón mismo, ni siquieira se han utilizado anécdotas que no haya certificado el poeta en sus escritos, sean autobiográficos o no, pues también se han tenido en cuenta algunos cuentos suyos. De hecho, para Teresa Calo, ‘Platero y yo’ es un diario poético, pero un diario, aunque también se haya basado en otras fuentes, como la correspondencia con su familia y sus amigos.

La película recurre a una reiterada convención pero habilidosa: un Juan Ramón viudo, ya en su vejez de Puerto Rico, viaja imaginariamente a Moguer y, a partir de ahí, se realiza una especie de relato biográfico estrictamente cronológico. Ello da para reflejar los días luminosos, pero también los claroscuros, aunque, ya digo, de modo muy respetuoso, tanto que la película ha sido muy bien acogida por la familia del poeta.

Una película, en fin, de la que no cabe más que felicitarse en su intención pues Juan Ramón, a pesar de la excelencia de su obra, que le lleva a ser uno de los grandes poetas del pasado siglo, no es escritor frecuentado en nuestro país, por lo menos en nuestros días en los que la lectura de ‘Platero y yo’, libro por el que se había convertido en algo parecido a un escritor popular, ya no es tan obligada como fue hace años. Que la película ponga a Juan Ramón en cierta órbita es lo deseable. Ahora toca verla. A finales de año.


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  1. Publicado en ARN Digital

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