A la busca del hilo de la verdad

Juan Ángel Juristo / Madrid
Trías: una aventura espiritual a la búsqueda de ‘El hilo de la verdad’
Galaxia de Gutenberg-Círculo de Lectores acaba de editar ‘El hilo de la verdad’, de Eugenio Trías, publicado en 2004 en Destino y que hoy es prácticamente imposible de encontrar. El filósofo declaró en cierta ocasión que si hubiese que salvar un libro suyo de una catástrofe, él se hubiera decantado por éste, ya que en cierta manera define como ninguno su aventura espiritual. La edición del libro coincide con la exposición, en Barcelona, de ‘Eugenio Trías. Un univers de paraules, imatges y harmoníes’, en la Ciutadella de la Universidad Pompeu y Fabra, que finalizará el 28 de febrero y donde se muestran documentos, libros y testimonios que dan una idea cabal de la trayectoria filosófica del autor.
El título está sacado de una expresión tomada de Calderón de la Barca, dramaturgo querido por Trías, que se refiere al hilo de la verdad como aquel que porta Ariadna, que entrega a Teseo para no despistarse en el Laberinto de Dédalo, donde habita el Minotauro, y que por mucho que se adelgace, como metáfora justa de la verdad, nunca termina por quebrarse.

“El hilo de la verdad
es tan constante y tan fuerte
que por más que le adelgace
no es posible que se quiebre”

Así reza ‘El laberinto del mundo’, el auto sacramental, que es el gran fundamento de una pasión. En Eugenio Trías, en su libro, en el apartado dedicado a ‘Ciudadano Kane’, no hay que olvidar que Trías es uno de los grandes intérpretes del cine, excelente su ensayo sobre ‘Vértigo’ de Hitchcock, esta cita es pertinente porque le lleva a una declaración filosófica de gran belleza: “Quiero escribir del tiempo y del amor, y sobre todo, del límite. Quiero escribir de filosofía, de carne y de pensamiento. Y en filosofía me oriento en relación a una propuesta: la filosofía del límite”.

Pero este libro en puridad no tiene que ver gran cosa con una indagación filosófica sobre el límite, ya lo hizo en otros libros suyos, sino que la importancia de este volumen radica en otro ámbito. Sabido es que Trías es hombre interesado en diversos campos y que el cine, la música, la literatura, el arte, son temas inscritos dentro de su modo de pensamiento filosófico, por no hablar de la religión. Esto poco o nada tiene que ver con una vertiente divulgativa, Trías suele escribir con cierto estilo literario que le aleja de tales distinciones, que si ensayo o sistema, que si texto didáctico o especializado, sino que es producto de unos intereses donde se combina la puridad filosófica en estricto sentido en diálogo con otras disciplinas.

De ahí que nos encontremos con un brillante ensayo sobre la película primeriza de Orson Welles, todo el simbolismo escondido en Rosebud que le lleva incluso a dar la vuelta a versos eliotianos, como este:

“In my beginning is my end”. En mi principio está mi fin
de ‘East Cocker’, de los ‘Cuatro Cuartetos’

O, sin ir más lejos, dar cuenta de ciertos aspectos de la ‘Cuarta Sinfonía’ de Brahms o el diálogo que establece con el ‘Gran Vidrio’ de Marcel Duchamp Estos diálogos con la música, el arte o el cine los inscribe dentro de una reflexión filosófica que denomina “la espiral reflexiva”. Un modo, pues, de entender la metáfora sobre la Verdad a que nos referimos antes contenido en el mito de Ariadna, pues suponemos que el ocuparse de otros autores y de sus peculiaridades no resta un ápice a la articulación formal de sus escritos ni a su entramado conceptual.

Lo interesante de este libro, ya dijimos, publicado en 2004, es que aparece en pleno auge posmoderno y es decisivo poder contar que después de diez años de la publicación del libro, no hay atisbo alguno de que los avatares surgidos de ese movimiento llevase a Trías a ser proclive a tenerlo en cuenta, tampoco del metarrelato que es algo también de aquellos años. Ello no nos debe movernos a pensar que Trías sea reacio a rescatar aspectos deseables de la moda, incluso necesarios, sino que su concepto de filosofía del límite, que quiere sea superación de categorías racionalistas y vitalistas le lleva al dialogo con otros pensadores en especial Immanuel Kant, a quien Trías considera el gran pensador de los últimos doscientos años, Nietzsche, faltaría más, y Ortega y Gasset, filósofo necesario e imprescindible a cualquier pensador español, que tarde o temprano tiene que enfrentarse con él, algo que traiciona ciertas debilidades de la generación a la que pertenece Trías.

¿Es Trías un pensador de raigambre platónica? Al final del libro, en una especie de capitulación de los expuesto con anterioridad, el filósofo se inquiere: “He intentado en este ensayo pensar en compañía de Platón; no contra Platón, como es canónico en las filosofías del siglo XX, o en sus magnos antecedentes, de Heidegger a Derrida o Deleuze, de Nietzsche a Popper”.

Lo que conlleva un riesgo que Trías asume sin problema alguno. Lo de menos es que el pensador quede fuera de contexto pues en puridad eso significa poca cosa. El problema surge cuando podemos pensar que muchas de las cuestiones que Trías propone como diálogo no pasen de ser comentarios, apostillas, a los grandes conceptos de los pensadores clásicos. Tendríamos, así, que asumir una fatal condición: la de la imposibilidad de llevar a buen puerto tamaña empresa porque caeríamos en la cuenta de que somos comentaristas más o menos brillantes de los diez o doce filósofos que, de verdad, han pensado el mundo.

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