Lea a su clásico elegido por la Academia

La Colección Tercer Centenario, que edita la RAE en conjunto con Alfaguara, acaba de ser presentada en la sede de la ilustre institución y se inscribe dentro de los variados homenajes en torno a los 300 años de su fundación. Han editado, de entrada, cuatro novelas, de escritores que fueron académicos y que están prologadas por otros tantos que lo son. ‘Misericordia’, de Benito Pérez Galdós; ‘La busca’, de Baroja; ‘El camino’, de Delibes y ‘Muertes de perro’, de Francisco Ayala, participan, pues, de los honores de ser los primeros títulos de unas ediciones baratas (12,90 euros) y que, además de incorporar la introducción de académico, añaden un estudio crítico de un especialista y una bibliografía, amén de un glosario.
El diseño gráfico, de Pep Carrió, quiere, mediante el empleo de tintas chillonas, dar idea de modernidad, de renovación de nuestros autores canónicos. Galdós se escora en un azul algo discreto finalmente, por lo que no llega ni de lejos al atrevimiento fascinante del azulón de Yves Klein. La Academia renueva pero siempre un tanto remolona, se rezaga.

Para Darío Villanueva, secretario de la Academia, la institución ha querido con estas ediciones, de las que quieren publicar dos al año, cumplir con cierta misión de acercar a precios asequibles la literatura de alta calidad. Hace tres meses, en el Congreso de la Lengua que se celebró en Panamá, se presentaron ‘La busca’ y ‘Misericordia’ y se tienen previsto que en el mes de mayo salga la obra de Delibes y ‘Muertes de perro’ en octubre. Curiosamente, aunque las novelas se presentaron en América, estas obras no serán distribuidas en aquel continente por no entrar en conflicto con editores locales, por lo que los americanos tendrán que contentarse con descargarlas de la Red. Como no hay mal que por bien no venga, como quiere el refranero, hay quienes ven en ello un signo de modernidad.

Pero el hecho de que los publicados hayan sido académicos y los prologuistas lo sean no significa que en un futuro se siga esa regla. De hecho los responsables no lo saben, pero parecen decantarse porque los prologuistas sigan siendo académicos en activo que tengan un vínculo con la novela del autor prologado. Vínculo literario pero de alta significación sentimental, como en el caso de Puértolas con Baroja o menos implicado emocionalmente, como en el caso de Muñoz Molina con Galdós.

Mientras escribo estas líneas percibo un tanto enterrado entre otros libros de mi biblioteca el breve ‘El Madrid de la lucha por la vida’, que Soledad Puértolas escribió en 1971, una declaración de amor literario que es una confesión de pasión por la obra de un autor que es rara en nuestra tradición. Es probable que a Soledad Puértolas, que acababa de aterrizar en Madrid, Baroja, con su natural naturalismo, su estilo falsamente coloquial, de guipuzcoano maltrecho por el idioma, muy fascinante, le ayudara a acomodarse al imaginario de una ciudad que el novelista describió como nadie, siempre que ese nadie se llame Galdós, y que pocos han logrado comparársele luego en esta lid. Quizá algún costumbrista tocado de modernismo, ay, Emilio Carrere en ‘La torre de los siete jorobados’, pero que no llega a la iluminación y potencia de la trilogía barojiana. Estaba, pues, cantado que nuestra académica realizase su particular homenaje de ‘La busca’. Fue libro que le marcó de joven y esos libros, las más de las veces, suelen adquirir categoría de primeros amores.

Muñoz Molina se decanta por ‘Misericordia’, la novela en que Galdós describe a los humildes de manera más centrada, y que mantiene una deuda inmensa con la tradición cervantina, en especial las ‘Novelas ejemplares’. Galdós es autor de enorme sentido del humor, algo que la generación del 98, que carecía de él, no le perdonó, confundiendo cierta relación cervantina con el chascarrillo. ¿Qué dirían de unos personajes que se llaman Plácido y su principal rasgo es la tranquilidad, que alguien a quien otro personaje busca como refugio se llame Consuelo, que la protagonista, Benigna, sea la bondad personificada… no teman, en esto nuestro Galdós se parece al gran Balzac, que utilizaba el brochazo con profusión. Peor para el 98.

Luís Mateo Díez realiza su particular homenaje a Miguel Delibes. Para ello sabe diferenciarlo de los paisajistas del 98, de una Castilla que se convirtió en tópico regeneracionista, y recurre a la metáfora del oído y de la vista como recomposiciones de un paisaje que es ya moderno, tanto que la novela habla ya del recurso a la memoria para revivir la infancia casi a partir de la muerte. La inocencia se quiebra. Peor para el 98.

Por ultimo, Ayala. Confieso que me sorprendió la elección pues nuestro Ayala es mejor ensayista que novelista y se me ocurren unos cuantos académicos que hubiesen cumplido mejor esta tarea de presentación de una colección. Pero, con todo, es probable que ‘Muertes de perro’ sea una de las dos buenas narraciones que Ayala escribió, si dejamos aparte, ‘El jardín de las delicias’. José María Merino incide en el género de “novela de dictadores” y la emparienta en esa tradición que se remonta a ‘Tirano Banderas’ y se permite, hasta ahora, acabar en ‘La fiesta del chivo’, de Vargas Llosa.

Una colección, pues, que acaba de comenzar con buenos augurios. Sólo deseamos que ese Tercer Centenario no acabe con el año, como tantas otras cosas. España es país de colecciones desparejas, de voluntades prontamente olvidadas…

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