El origen de Europa

Juan Ángel Juristo /
Después de un exitoso recorrido por Palma y Barcelona, ‘Mediterráneo. Del mito a la razón’ ha llegado a Madrid donde estará hasta el 5 de enero de 2015 en la sede de CaixaForum en el Paseo del Prado. Es una de las exposiciones sobre los orígenes de Europa, vale decir, de arte grecolatino, más curiosas e importantes que haya sido dado contemplar en los últimos años, y no sólo por las piezas expuestas, que sobrepasan las 150, algunas muy importantes, pertenecientes a grandes instituciones europeas, como el Museo Arqueológico Nacional de Nápoles, que alberga la espléndida colección Farnesio, origen del mismo, el Museo de Escultura de Dresde, el Museo Arqueológico de Corinto o el de Atenas, sino por el planteamiento de la muestra. Es, quizá, su mayor aportación, dejando aparte el valor material de las piezas expuestas. En este sentido es una de las exposiciones didácticas mejor construidas alrededor del mundo grecolatino.
Y no es exageración, ya que el problema de este tipo de exposiciones, a lo largo de mi vida he debido asistir a algún centenar, es que las explicaciones se centran en el valor arqueológico de las piezas o, como mucho, en la excelencia del objeto de arte. Esta exposición es una muestra mental que mediante la exhibición de varios objetos de temas muy buscados, trata de que el público se haga una idea de la quiebra en el imaginario europeo que supuso la irrupción del mundo griego y romano (también se exhibe un sarcófago etrusco, de Volterra, que me dejó maravillado porque uno siente la fascinación de esa cultura), y como esa quiebra introdujo una serie de modos de valorar estilos de vida que han sido los que han unificado el ser europeo.

CaixaForum ya dedicó exposiciones a la cultura sumeria, la etrusca y la persa, y ahora parece que le ha tocado el turno a la grecolatina. De realizar una crítica, aun sea leve, convendría fijarnos en que hay una excesiva presencia de vasijas cerámicas, las famosas vasijas de fondo rojo y trazo negro y viceversa, así como de cráteras, ánforas, pithos, lécitos, muy bellas con ese blanco cremoso, cotilas, píxides…

Y desde luego, la extensión de las cartelas explicativas que ocupan prácticamente, si las leen enteras, sus buenos tres cuartos de hora de dedicación. Explicaciones que clarifican y ayudan a entender al visitante lo que se va a encontrar en los apartados temáticos; pero que por un lado pecan de prolijas y, por otro, pertenecen al ámbito del manual explicativo.

El viaje, con Ulises como personificación de aquél que conoce costumbres y leyes diversas; el mito de Hércules, que unifica un espacio; la ciudad, temáticas dedicadas a la connivencia, al Eros, cómo no, y a los ritos funerarios, conforman una exposición, sin embargo, exhaustiva en lo que interesa, dar a conocer: los elementos que conformaron nuestra idea de Europa.

Ni que decir tiene que la pieza preeminente es un fresco sobre el mito de Europa procedente de Pompeya, excelente, aunque el mosaico de la Academia de Platón no le va a la zaga. Se exhibe también una cabeza de Sócrates, procedente del Arqueológico de Nápoles, por la que tengo especial predilección por ser la que sirvió como foto de portada al libro ‘Historia de la Filosofía’, de Julián Marías, que me sirvió mucho en mi juventud, aunque las esculturas de Hércules son muy bellas y sorprendentes por la expresividad que poseen.

Una expresividad que se halla también en un pequeño fresco, casi imperceptible después de que el ojo se haya saturado de vasijas negras y rojas (se recomienda pasar antes por el video que da cuenta de la reconstrucción del Ágora de Atenas), de una representación de Eros, suspendido en el aire, desde luego. Aunque el que realmente impresiona es el apartado dedicado a lo funerario, y no sólo por el pequeño sarcófago etrusco sino por un retrato de El Fayum, realizado con la técnica de la encáustica, retratos que los finados llevaban a la tumba donde descansaban embalsamados, hay una impresionante colección de momias de Al Fayum con sus correspondientes retratos en el Museo de Berlín, y, algo sorprendente, un objeto pequeño de vidrio que en las ceremonias funerarias, al ser atravesado por la luz, proyectaba la imagen del difunto.

La idea de Europa que se quiere ofrecer es la del paso del mito a la razón mediante argumentos escogidos. Por ejemplo, la creación del ágora como espacio público exento de dioses y donde se intercambiaban productos, se hacía mercadeo de bienes e ideas, espacio que se supone justificado en el modo de percibir el mundo que tenían los presocráticos, un modo de regir el cosmos dominado por los elementos y no por los dioses. El mundo como enigma a resolver por uno mismo, de ahí la importancia de la Esfinge y el mito de Edipo, sí, pero también la de las ideas asociadas de paz, prosperidad y justicia. Ideas propias de las ciudades volcadas al comercio marítimo. En cierta manera, parecen indicarnos en la exposición, Europa nace en las ciudades milesias y jónicas por el intercambio comercial. Concepción tópica, de manual, pero que funciona con cierta intensidad al ir acompañada de ejemplos muy concretos, lo que otorga excelencia a esta exposición: los objetos mostrados. Para no perdérselos.


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