50 momias 50

Juan Ángel Juristo –

Los egiptólogos están que no caben en sí de gozo: en Luxor, ¿dónde si no?, en el Valle de los Reyes, se acaban de descubrir 50 momias en una tumba de la gran necrópolis de la antigua Tebas del Imperio Nuevo, más o menos de hace tres mil años. El hallazgo, además, es emblemático: las momias, descubiertas en un popurrí muy fragmentado de restos de vasijas, ataúdes, equipo funerario, ropas… corresponden a varios príncipes y princesas de la famosa dinastía XVIII, a la que pertenecieron los monarcas egipcios, salvo Cleopatra, más adorados por el imaginario popular: Tutmosis III, Akenatón, Tutankamón…

El descubrimiento, como es usual, ha sido realizado por un equipo de la Universidad de Basilea ayudados por arqueólogos egipcios, a esto me refiero cuando digo que es usual. Salima Ikram, egiptóloga afamada, está excitadísima por el descubrimiento, hasta el punto de calificarlo de apasionante. El lugar del hallazgo ha sido una tumba muy pequeñita, que había sido descubierta por Victor Loret en 1899, aunque hay que decir que desde que fue construida ha sido saqueada varias veces, primero por egipcios contemporáneos de las momias y después por musulmanes hasta alcanzar los albores del siglo XX. Los descubrimientos siempre han tenido precedentes.

El lugar ha sido saqueado varias veces a pesar de que ha sido descubierto a seis metros de profundidad, de ahí el estado de popurrí de la cosa, y en principio parece que se trata de un depósito de príncipes, pues los Faraones estaban excluidos de la promiscuidad y sólo eran acompañados en su soledad por su séquito que, compuesto de humanos o no, formaban parte del ajuar.

Nombres nuevos se incorporan a los antiguos conocidos pues las momias poseen propietario: a partir de ahora tendremos que aprendernos nombres como Neferanebo, que parece sacado de una novela de Mika Waltari, o Ta-im-wa-is, que me gusta más porque parece retrotraernos al origen mismo de la dinastías: tiene algo de sudanés.

Lo apasionante de este popurrí de momias principescas es que comparten lugar con sacerdotes, ya que posteriormente a la construcción de este lugar, y debido a los saqueos, los sacerdotes encontraron que había sitio para ellos y allí se destinaron para la eternidad junto a los príncipes. El esnobismo es muy antiguo. Más que los egipcios, lo que es mucho decir.

No dudo de lo idóneo del descubrimiento, ni de su importancia, pero llamo la atención sobre un hecho curioso: da la impresión de que la cultura egipcia duró miles de años y fabricó miles de momias con el exclusivo afán de que, siglos más tarde, otra cultura se dedicara, en una querencia acaparadora típicamente capitalista, por quedarse con la mercancía deteriorada y trasladarla a otras necrópolis, que llaman Museos.

He estado en el British y allí hay tantas momias que las tienen metidas en anaqueles, a modo de libros; he estado en el Museo Egipcio de Turín, el segundo museo dedicado a la cultura egipcia más importante del mundo, y para qué les voy a contar, están acumuladas por todos lados; del Luovre y su Belfegor más vale no hablar; del Museo de El Cairo lo mismo, donde hay tantas que es capaz de aguantar saqueos, revoluciones y ordalías entrando a saco en el lugar, como en la última Revolución, y llevándose lo que pudieran para venderlo en los zocos de la pasta, que conducen todos a la City o Wall Street, y aun y así no se echan de menos. Por verla, las he visto hasta en Berlín, junto a esa bellísima cabeza de Nefertiti, tan art decó, tan rara, tan hermosa. Bien es verdad que se trataba de sarcófagos, con sus momias, de la época romana, cuando los del lugar adjuntaban un retrato suyo, como ahora se adjuntan fotos en las tumbas. Tengo que decir que impresionaban más que las antiguas pero era porque el visitante, moderno y democrático, sabe que las momias de la época romana son más afines a sus querencias. Las antiguas eran más sagradas, más hieráticas, más exóticas, con un toque de opacidad que las hace más interesantes pero también más incomprensibles, más semejantes a objetos.

Estoy encantado con el descubrimiento: 50 momias 50. Nada menos. 50 momias más para colocar en anaqueles. Momias que será trasladadas a la nueva capital unos centenares de kilómetros río abajo. Y más que encantado, estoy fascinado porque todo lo que toca a Egipto lleva aparejado ese sueño de muerte y resurrección. De no ser así, ¿para qué obsesionarse tanto con una cultura funeraria si no es porque nos desvela a nosotros mismos?

Este descubrimiento tiene, además, un valor añadido. Hasta ahora lo de las momias parece que iba aparejado a cierto espíritu de independencia y… soledad. Pero hallar 50 de un golpe, y en batiburrillo, semeja una masacre digna de una época de masas. No hay manera, descubramos lo que descubramos, todo semeja a la época en la que se produce ese hallazgo: la cabeza de Nefertiti se descubrió en los años 20 y no hay más que verla para comprobarlo. Este batiburrillo de momias parece algo apocalíptico a lo After Day. ¿Me siguen? No sigo.


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