Le Corbusier, en Barcelona

Juan Ángel Juristo / Madrid
Le Corbusier, CaixaForum de Barcelona expone sus múltiples facetas artísticas
Se acaba de inaugurar en la sede de CaixaForum en Barcelona, después la muestra viajará a Madrid este verano, ‘Le Corbusier, un atlas de paisajes modernos’, que reúne 215 objetos que según Elisa Durán, directora general adjunta de CaixaForum, ofrece una muestra completa de lo que fue la obra de este diseñador, arquitecto, editor, cineasta aficionado, y, desde luego, escritor, además de uno de los arquitectos más influyentes del siglo XX que mantuvo con la ciudad de Barcelona una relación muy especial ya que colaboró en el Plan Maciá en los años treinta realizando un diorama.
La última exposición que Barcelona realizó de Le Corbusier fue hace 25 años en la Fundación Miró, por lo que conviene dar la importancia debida a ésta de La Caixa. En primer lugar, por el volumen de la obra expuesta y sus preciosos hallazgos, las cuatro maquetas a escala de edificios emblemáticos del arquitecto, y también porque se muestran las restantes facetas de este artista que pasa por ser uno de los más canónicos del siglo pasado, uno de los más influyentes, también uno de los más totalitarios.

En realidad la obra de Le Corbusier, con ser tan importante, fue de reconocimiento tardío. Él, que tenía un prestigio enorme entre los arquitectos; él, que había intentado producir un nuevo canon del hombre y sus relaciones con el entorno, algo que no se había dado desde el Renacimiento; él, que escribió, en un gesto calculado típico de las vanguardias del momento ‘Cuando las catedrales eran blancas’, abogando por la destrucción del Centro Histórico de París para sustituirlo por un concepto de ciudad propio cuyo modelo es ahora el entorno donde se producen las revueltas con los emigrantes, no fue hasta que se le encargó la realización de la ciudad india de Chandigarth, cuando puede decirse que su lado urbanístico llegó a sus realización.

Pero Le Corbusier, con ser artista de tan prestigioso reconocimiento fue hombre de enormes fracasos. Desde luego no por el Modulor, no por las Unité D´Habitation, pero llama la atención el aspecto que hoy día tiene Chandigarth, como si el lado hindú de la existencia le hubiese ganado el terreno al racionalista de la arquitectura, al hacedor de un nuevo orden. Una metáfora de nuestro tiempo.

La exposición de CaixaForum, en cierta manera, determina el lado del éxito del Maestro, obviando los fracasos, y eso en cierta manera actúa como un revulsivo utópico de lo que la realidad ha demediado. La muestra podrá contemplarse hasta el 11 de mayo, con las aportaciones del MOMA y de la Fondation Le Corbusier. Hay que decir que la muestra es la misma que tuvo lugar en el MOMA este otoño pasado y que visitaron alrededor de 400.000 personas. Un éxito que será difícil se produzca de nuevo.

La exposición abarca la cronología de una vida, desde que comenzó haciendo grabados de cajas de relojes, siempre hubo en su obra cierta concepción relojera, exacta, de lo que debía ser ésta, hasta la petición de la construcción de Chandigarth. En medio, justo, desde que ideó a los 20 años la Villa Fallet, lo que entendemos por todo el proceso creador de Le Corbusier: el Modulor, la fundación de L´Esprit Nouveau, el encargo de la Unión Central de Cooperativas de Consumidores ,en el rutilante Moscú de la URSS donde aún restaban flecos de las rabiosas vanguardias de la Revolución, pero también el primer gran revés, el no conseguir la realización del Palacio de los Soviets, lo que le llevó a dirigir su mirada a la Italia fascista, donde tampoco consiguió encargos de importancia hasta llegar a frustraciones mucho mayores después de la II Guerra Mundial. La ambición de Le Corbusier sólo era comparable a la de su genio.

Es particularmente emotivo contemplar los dibujos que realizó para la Capilla de Notre Dame du Aut, en Ronchamp. Le Corbusier el gran racionalista, el imbuido del espíritu relojero suizo, el diseñador de muebles con unas dimensiones que hacían pensar en cierto puritanismo, se erige en arquitecto de una concepción espiritual, mística, que logra elevar con excelencia. Y digo que es particularmente emotivo porque hace unos días una vidriera de Ronchamp fue hecha añicos y la iglesia, desde luego, no ofrece un buen aspecto.

¿Otro fiasco esta vez póstumo de la arquitectura rutilante de Le Corbusier? Lo importante de este arquitecto, cuyo nombre de bautismo fue Charles Edouard Jeanneret, es la enorme tensión que su obra produce, tensión que le viene de su carácter contradictorio, algo que se refleja con una especial intensidad, y eso le aleja de esa sensación de fiasco.

Las maquetas producen especial gozo. La contemplación de las mismas, a escala, hace que de una sola mirada abarquemos el particular universo de medidas de Le Corbusier, su modelo reflejado en el Modulor, y, de paso, sumergirnos en sus tesis, de variada fortuna, como los cinco puntos de la Nueva Arquitectura, o, la Machine à habiter. La muestra de CaixForum goza de especial fortuna porque el espectador se hace una idea global del legado de este artista y de la complejidad y alcance de su obra.

Chandigarth es su obra más representativa, también la que más fracasos le produjo, pero esta muestra nos hace ver que donde realmente triunfó Le Corbusier fue en su magisterio: pocos arquitectos hay que hayan escapado a su influjo. Su legado impregna el siglo.

5 / 5 (2 votos)
    • Deja comentario
    • Imprimir
    • Recomendar artículo
    • Aumenta fuente
    • Disminuye fuente
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s