‘Palais de Justice’, el alegato de José Ángel Valente contra el desamor

Se acaba de publicar por parte de Galaxia Gutenberg Círculo de Lectores, ‘Palais de Justice’ , un texto en prosa inédito del poeta y ensayista José Ángel Valente, muerto hace ya catorce años, y que no fue publicado antes por deseo expreso del propio escritor que quiso fuera editado una vez muerta la persona a la que se alude en el libro.

Juan Ángel Juristo
 
Andrés Sánchez Robayna, albacea de la obra valentiana y responsable de la publicación del libro, así como de un esclarecedor prólogo, cree que una vez dadas las condiciones exigidas por el poeta, llegó el momento de publicarlo: “Aunque fuera escrito en un periodo relativamente largo, que duró hasta el momento mismo de su muerte, fue fijado por él de manera definitiva”, por lo que bien podemos asegurar que las casi cien páginas que el lector se encuentra reflejan con exactitud el texto que Valente quiso fuera publicado. No siempre se tiene esa suerte con los inéditos.
 
‘Palais de Justice’ se presenta como una ‘nouvelle’. No lo definiría yo así. Creo que es un texto, de enorme densidad, donde el escritor, a raíz del proceso de divorcio de su primera mujer en 1982, y claramente valentiano, refleja el enorme dolor de aquel proceso y quiere, con cierta voluntad titánica transmutarlo en otra cosa, en una especie de laceramiento tan intenso, que adquiere magnitudes casi cósmicas. El libro, a pesar de que Sánchez Robayna afirme que tiene un papel central en la obra de Valente, no se presenta como tal, sí como obra de madurez pues el texto rebosa cierta idea de revisión continua, por lo que bien podemos decir que podemos inscribirla como una obra del poeta tan importante como pueden ser ‘El fin de la edad de plata’ o ‘Nueve enunciaciones’, textos con los que mantiene ciertas concordancias, y no sólo de carácter autobiográfico.

Parece ser que Valente, durante aquel proceso de divorcio, se imbuyó de las páginas de las ‘Cartas a Milena’ de Franz Kafka, amén de ‘De Kafka a Kafka’ de Maurice Blanchot, ¿Traspasó ese tipo de lectura el tejido de este texto que estaba escribiendo? Seguro, pero sólo como soporte atmosférico me atrevería a decir, pues la correspondencia de Kafka pertenece a otro orden de las relaciones humanas, Elías Canetti escribió uno de los mejores ensayos interpretativos sobre esta correspondencia, y hay algo de vómito en este texto valentiano que poco tiene que ver con los amagos continuos a que el escritor checo sometía a su prometida. Es probable que el libro de Blanchot tenga más entidad, pero sólo como delimitador del horizonte humano y artístico del autor de ‘La metamorfosis’.

Respecto a los elementos autobiográficos presentes en el libro habría que decir que nos movemos en un falso debate. El motivo del libro es claro, hay una ruptura sentimental y un proceso de divorcio que bien pueden ser correlato de los del propio autor, pero es evidente que el libro, lo que contiene es otra cosa, y no porque el autor haya adoptado máscaras, esas distintas personas que se manifiestan de continuo en las páginas, sino porque un texto de ficción nunca debe confundirse con una confesión, y ‘Palais de Justice’ no es confesional sino apasionadamente narrativo, tanto como pudo serlo ‘El condenado’, de kafkiano título, por cierto.

Y cuando la ficción toma carta de naturaleza, como sucede desde los primeros párrafos, la realidad comienza transmutarse en otro orden de cosas. Me llamó la atención la enorme fuerza, de alegato, de vómito, ya digo, que poseen las primeras páginas del libro. Y me llamó la atención porque no me esperaba una reacción literaria de ese porte. Luego el libro adquiere unos tonos más íntimos, más reflexivos, donde el dolor y las preguntas copan el lugar casi del mundo. Pero esos primeros párrafos, lejos de acercarme a Kafka, me recordaron ciertas partes de… Louis Ferdinand Céline, en especial de ‘Muerte a crédito’, cuando se describe una tormenta en el Canal de la Mancha y los viajeros del ferry son descritos con los rasgos cósmicos de un Juicio Final.

Pero, finalmente, sí, Kafka aletea, no es el de ‘Cartas a Milena’, sí el de ‘El proceso’, o, por lo menos, la visión valentiana de la cosa. En Kafka el proceso estaba del lado del absurdo, sin más, lo que lo convertía en terrible, en Valente también, sólo que ahora ese absurdo se asume de manera muy distinta, formando parte del orden nuevo. En un momento determinado, el acusado sabe que dentro de esas salas del juicio se está juzgando una inocencia, la suya, que carece de sentido pues en principio todos somos culpables y si la inocencia se prueba, ello carece de lógica.

Ni que decir tiene que el alegato es tremendo, de igual jaez que los párrafos referidos a la porquería que arrastra casi ‘sub especie aeternitatis’ el agua bajo los puentes del Sena, sólo que aquí ese alegato es más conceptual. De estos está lleno el libro, a pesar de su brevedad. Un alegato, en realidad, contra el desamor. Un bello, hermoso, terrible alegato contra el desamor. El legado póstumo de Valente.


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