Ese desvivirse de Juan Ramón

Juan Ángel Juristo / Madrid
El jueves saldrá a la venta ‘Vida. Volumen I . Días de mi vida’, de Juan Ramón Jiménez, un enorme libro de casi 900 páginas que ha publicado Pre Textos en su espléndida Biblioteca de Clásicos Contemporáneos, en edición de Mercedes Juliá y María de los Ángeles Sanz Manzano. Un libro esencial para entender al último Juan Ramón, un libro que proyectó en el exilio pero que nunca llevó cabo y que consta de fragmentos de textos escritos por él para el libro, pero también de una inmensa mayoría de fragmentos desperdigados en cartas, en publicaciones suyas de juventud donde hace referencia a su vida, retratos de amigos, aforismos biográficos, notas donde apuntaba sus recuerdos, en fin, una especie de collage monumental que comenzó a proyectar ya en 1928 porque creía que tenía que deshacer ciertos sambenitos que le habían colgado desde joven, una leyenda negra de poeta cursi, pulcro, ordenado hasta la extenuación, higienista clamoroso, en fin, una leyenda de neurótico e intransigente cargada de razón por unos y por supuesto, por Juan Ramón, ya que uno posee razones que los demás no entienden. Aun sea por eso.
Pero el libro abruma. Sobre todo la labor de años que las dos filólogas han tenido que realizar en los Archivos conservados en la Sala Zenobia JRJ de la Universidad de Puerto Rico, amén de cientos de notas explicativas que han adjuntado a este casi galimatías laberíntico en que consiste este precioso libro, cuya excelencia se halla en haber sido escrito por Juan Ramón pero que no tiene, pese a la labor casi hercúlea de las dos estudiosas, un hilo conductor con el que poder tejer cierta rama mínima.

El algún momento del libro Juan Ramón habla de su personalidad, hecha “desde dentro”, en agudo contraste con el carácter español y esa interiorización viene bien a un libro como éste que pretende, dentro de lo que cabe, dar una idea de mosaico de lo que puede ser una vida. Algo que, probablemente han conseguido de modo veraz sin las dos estudiosas sin proponérselo y que rechazaría el propio Juan Ramón, casi con seguridad, pero cuyo aire fragmentario y con un orden y concierto muy sui generis da una idea mucho mas real de lo que es y, sobre todo, queda de una vida, dejando de lado ese aspecto heredado de ofrecer una forzada coherencia en una historia biográfica hecha casi siempre de azar.

Tengo que reconocer que los libros de esta guisa, casi fronterizos, desestructurados, son los que aprecio en el recuento de una vida. Mercedes Juliá y María de los Ángeles Sanz Manzano han añadido toda suerte de desechos preciosos de manuscritos, poemas, prosas variadas, cartas de unos y otros… para recomponer una vida en la que el propósito del poeta era deshacer entuertos y dar por terminadas “las calumnias”, son palabras suyas, que discípulos y críticos habían echado sobre su persona, aunque por lo leído nos damos cuenta de que tras esa fachada de intenciones se escondía el deseo de dar sentido a una soledad muy mal llevada, sobre todo después de la muerte de Zenobia, de una soledad donde el exilio le había perturbado grandemente, de una misantropía que se agazapaba desde su juventud y la edad agravó, pero que no le impidió ser uno de los poetas más relacionados con escritores españoles , americanos y europeos del momento, desde una enfermedad que arrastró toda su existencia pero que no le impidió ser un hombre que escribió una obra de dimensiones espectaculares, a pesar de, o quizá gracias al sufrimiento que le atenazó a lo largo de toda su vida.

Este año, de todas maneras, parece ser el de Juan Ramón, uno de los pilares fundamentales de la poesía española, y en español, del siglo XX. Está la publicación de este libro del que estamos dando noticia, largamente esperado en el mundo poético, como no podía ser menos, pero la Fundación José Manuel Lara tiene previsto publicar también esta semana ‘Por obra del instante. Entrevistas’, en edición de Soledad González Ródenas, donde se recogen entrevistas hechas a Juan Ramón y publicadas, otras inéditas, desconocidas incluso por los juanramonianos, amén de retratos y semblanzas del poeta, y, por si esto fuera poco, la publicación de la Correspondencia entre Zenobia y Juan Ramón por la Residencia de Estudiantes bajo el título, ‘Monumento de amor. Cartas entre Juan Ramón Jiménez y Zenobia Camprubí’, además de la publicación del segundo tomo de la Correspondencia de Zenobia. Para abundar más en la cosa, Antonio Campoamor González publicará una biografía de Juan Ramón en los próximos meses editada por la Universidad Internacional de Andalucía.

Si a ello le sumamos ‘Juan Ramón de viva voz’, libro fundamental de los encuentros de Juan Guerrero Ruiz con Juan Ramón, el libro ya clásico de Ricardo Gullón, ‘Estudios sobre Juan Ramón Jiménez’ y los dos libros que la Residencia de Estudiantes publicó sobre el poeta, podemos afirmar que el lector español puede hacerse una idea de la vida del poeta bastante más ajustada que la de otros muchos que parecen haber llevado una vida menos secreta, más pública.

Entiendo, sin embargo, el desconcierto que afectará a muchos cuando tengan que enfrentarse al laberinto de fragmentos juanramonianos para componer, al modo de un puzzle, una biografía. Por mi parte estoy encantado: Walter Benjamin y Georges Perec, dos de mis autores favoritos, así lo entendieron.

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