Un Tenorio para nuestro tiempo

Juan Ángel Juristo – MARTES, 20 DE ENERO DE 2015

El 6 de noviembre de 2014, se estrenó en el Teatro Calderón, de Valladolid, ‘Don Juan Tenorio’, obra de José Zorrilla adaptada por Juan Mayorga bajo la dirección de Blanca Portillo. Ahora se estrena en Madrid, en el Teatro Pavón con Beatriz Argüello, José Luís García Pérez, Juanma Lara y Miguel Hermoso en los papeles principales. La directora, Blanca Portillo, ha declarado que ya “iba siendo hora de que alguien llame a Tenorio por su nombre”. Después de Tirso de Molina, Molière, Mozart, Lorenzo da Ponte, Zorrilla, Gregorio Marañón… que no se enteraban de nada, ha tenido que venir Blanca Portillo para decirnos a los demás quien era don Juan Tenorio. Nunca le estaremos lo suficientemente agradecidos.

En nota explicativa, por si no habíamos caído en la cuenta, la directora nos dice quién era en realidad este hombre: “Nunca he podido entender cómo un personaje así se ha convertido en un mito, en un icono abanderado de la libertad y la transgresión, la representación del seductor de mujeres como valor en sí mismo… Hoy siento la necesidad de subir al escenario a este personaje, tantas veces representado y, creo, tan pocas veces entendido. Subirle al escenario y radiografiar sus comporta-mientos, sus acciones, sus palabras, para mostrar lo que siempre he sentido que existía tras ellas: un modelo de destrucción, de falta de empatía, de crueldad, de desprecio por la vida propia y ajena, de incapacidad para construir”, para finalizar con tremenda apoteosis: “Yo creo profundamente en el respeto por los demás. En valores morales y éticos que Tenorio destruye sistemáticamente. Creo que ya va siendo hora de que alguien llame a Tenorio por su nombre” Lo que no sabíamos es que ese nombre era banalidad.

¿Qué Tenorio ocupa el Teatro Pavón? Pues una persona, según alguna crónica actual, “que al eliminarle los chascarrillos micro y macro machistas, lo que queda es un tipo despreciable, un asesino en serie, un violador irredento, un tipo que quiere seguir matando hasta el momento mismo de su muerte. Un tipo sin madre ni entrañas que ha pasado por nuestra historia de la literatura universal con cierta pátina de héroe de un romanticismo mal entendido. Hasta que llegó Blanca Portillo” Menos mal, pienso, mientras me repongo de frases como micro y macro machistas y me pregunto si habrá alguna acción machista que no sea micro ni macro sino de tamaño normal. Viva el idioma.

Mientras en el Pavón aparece un tipo tatuado, mal encarado, un hijo de puta de claro cariz zafio, que se llama don Juan Tenorio, me da por pensar en lo equivocado que estaba Moliére, que le dio por representar en tamaño gusano al prototipo del hombre libre, democrático, que defiende a un mendigo, que desprecia el Ancien Régime y que se convierte en prototipo del hombre que se hará realidad en los tiempos de la Ilustración, tiempos propicios para que Lorenzo da Ponte y Mozart le perfilen una personalidad más transgresora, un hombre del que bien podría decirse que dejaba atrás la lucha contra la sociedad protagonizada por la masonería ilustrada. Hay que decir que en esto Mozart se mostró mucho más transgresor que da Ponte, más ajustado a una visión del Don Juan de la obra de Moliére. Mozart quería ir más lejos. La música, así, se muestra en desacuerdo con el libreto. Inocente Mozart.

Por no hablar del creador del personaje, que no es Zorrilla, no, sino Tirso de Molina, que nunca dio del mismo una visión amable. Al fin y al cabo quien posee coraje para toparse con el Diablo en el Guadalquivir y pedirle fuego para su cigarro no puede entrar en el Reino de los Cielos. En fin… inocente Tirso.

Por no hablar de Zorrilla, que le castiga con el Fuego Eterno, no con la cárcel o la castración química, como harían con el personaje que se representa en el Pavón. Inocente Zorrilla.

Gracias a Blanca Portillo sabemos que don Juan era un despreciativo, un desgraciado que lo que realmente quería era destruirse, un psicópata, vamos, y lo que es más terrible, sin querencia alguna por la madre. Blanca Portillo ha exclamado, indignada, que de éstas nunca se habla en la obra. “¿Dónde están las madres?”, se pregunta, sin que esta cuestión tenga que ver con el concepto goethiano de las mismas. Para Portillo una madre es una madre. Está claro, ¿no?

Hasta aquí el puro despropósito disfrazado de corrección política, un gesto un tanto perverso sino fuera porque en realidad lo que se muestra es banalidad pura y dura, no una lectura contemporánea del mito. Y banalidad aliada a lo facilón. No entiendo nada. O mejor, lo entiendo todo. Me doy de baja.

NOTA.- El artículo se basa en citas recientes de medios de comunicación. Ello no obsta para que tengamos presente que el adaptador es Juan Mayorga, es decir, quién ha ‘aggiornado’ el texto de Zorrilla. Para que así conste.


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