María Zambrano, en nuestro origen está nuestro delirio

Juan Ángel Juristo / Madrid
 
Hace unos días se presentó en la Casa del Lector, con asistencia de Jesús Moreno Sanz, estudioso de la obra de María Zambrano y director y coordinador de las ‘Obras Completas’ de la filósofa, de Javier Gomá, de Joan Tarrida, director de Galaxia Gutenberg Círculo de Lectores, y de Francisco Delgado, director de la Fundación María Zambrano, el tomo VI y último de estas ‘Obras Completas’ y segundo editado, ya que aún faltan otros cuatro para completar el proyecto. De la envergadura del mismo da idea lo que contiene este volumen de 1800 páginas: 300 textos de los que 200 son inéditos, poemas, cartas, 21 dibujos de la mano de la propia Zambrano, testimonios de amigos, una novela inacabada, el texto definitivo de ‘Delirio y destino’… haciendo de esta edición no sólo un acontecimiento editorial, sino el referente canónico de las futuras ediciones que se hagan de la obra de la pensadora.
Resulta curioso y significativo, pues da idea de la normalización cultural de España respecto a las genuinas tradiciones europeas, que en el transcurso de una semana se hayan publicado dos libros de dos figuras esenciales de nuestra cultura del siglo XX, Juan Ramón y María Zambrano, dos libros que llevan detrás un inmenso trabajo de investigación critica, con un denominador común: los dos contienen en su mayoría escritos inéditos y, además se refieren a escritos autobiográficos, de tal modo que parece que el dar cuenta de los retazos de una vida ya nos parece incluso digno de ocupar el trabajo de otros y de invertir dinero en ello. El género inventado por Inglaterra y Francia hace trescientos años nos vino tarde y con resultados desparejos, pero a tenor del auge por lo cotidiano que hace furor en estos tiempos, lo biográfico está presente entre nosotros de manera notoria, algo que no conviene desaprovechar.

El libro que recoge los escritos de María Zambrano abruma, como también el de Juan Ramón, pero por otro motivo. Abruma porque caemos en la cuenta, así, de repente, de que la obra de María Zambrano está construida de modo confesional, y ello de tal manera que lo que ella llamaba “delirios”, el modo en que el hombre toma conciencia de sí y del miedo que ello produce y origina religión y pensamiento, lleva a la pensadora a imaginar el espacio donde habitaba la intimidad, curiosamente algo similar al “dentro” de Juan Ramón, del volumen ‘Vida’ que acaba de editarse recientemente. Y abruma, sobre todo, porque es un reflejo genuino de una coherencia extraña que, al margen de la lógica evolución, le lleva toda la vida y que, al contrario que Juan Ramón, no lo hace con ánimo planificador, ese ánimo que hace de gentes como nuestro poeta o Ernst Jünger o Jorge Luís Borges, por poner ejemplos tomados a bote pronto, que estén revisando de continuo su obra, sino que pertenece a una imbricación total y muy intensa con los campos que le interesa desarrollar en ese momento, poesía, filosofía, religión, espiritualidad, y ello realizado de tal manera que hay una memoria personal que se corresponde al punto con obras suyas, las más importantes, aquellas que han hecho de su pensamiento ejemplo fecundo de ensamblaje entre poesía y pensamiento.

Jesús Moreno Sanz se refirió, platicando sobre el modo de trabajar de María Zambrano, a que era una mujer muy difícil en este aspecto, por lo que muchos que la conocían terminaban dándole de lado. Esa dificultad, más la añadida del exilio y el buscarse la vida como pudo, según los avatares, confirmaron una vida un tanto dramática y llena de dificultades, cuando no de sufrimiento. Hubo gentes que la ayudaron en verdad, y entre ellos destacan especialmente dos poetas, Cintio Vitier y José Ángel Valente, por lo que podemos decir que si bien María Zambrano incurrió en la poesía, se recogen sus poemas en ese volumen, lo cierto es que su poesía real, verdadera, está en el trabajado estilo de sus libros, los que pergeñaron la razón poética y alumbraron el ejemplo de ciertos poetas, como los citados, pero también con gentes como José Miguel Ullán.

Es por todo esto por lo que se afirma que este libro, en su mayoría inédito, es la clave del pensamiento de María Zambrano. No es exagerado, si acaso un tanto metafórico, pero lleno de razón. La filósofa no dejó un solo día de escribir y este tomo así lo atestigua aunque a tenor de lo que sabemos cada uno de ellos tendrá más o menos la misma extensión que éste. Sonroja un tanto pensar que cuando esta mujer regresó de una vida de exilio muchos le reprochasen que carecía de obra: lo que sucede es que la cantidad de escritos que no llegaron a ver la luz es inmensa y esta edición viene a paliar esa oscuridad, y no precisamente esa oscuridad que, ella decía, “había elegido como patria”. Se revela así un corpus desconocido que se ajusta punto por punto con sus obras: a una descripción frutal de Roma, la ciudad vista como un melocotón, se corresponde en ese orden mismo, la construcción de figuras clave de su pensamiento: Antígona, Ofelia, Diotima de Mantinea, Ana de Carabantes…

El libro es abrumador, lleno de notas críticas, necesarias pertinentes, un libro canónico en verdad, pero se lee con un apasionamiento de novela, lo que no es poco y, desde luego, raro.

Filósofa, mística, poeta… en estas páginas hallamos las personalidades anudadas sin modo de ser deshechas : es la composición de una vida. La suya.

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